Hormonas Sexuales Femeninas

EI sistema hormonal femenino, como el del varón, consta de tres grupos de hormonas:

  1. Una hormona liberadora hipotalámica, la gonadoliberina u hormona liberadora de gonadotropinas (GnRH gonadotopin-releasing hormone).

  1. Las hormonas adenohipofisarias: hormona foliculoestimulante (FSH) y hormona luteiniznate (LH).Ambas secretadas en respuesta a la hormona liberadora GnRH del hipotálamo.

  1. Las hormonas ováricas, estrógenos y progesterona, secretadas por los ovarios en respuesta a las dos hormonas sexuales femeninas adenohipofisarias.

Estas diversas hormonas no se producen en cantidades constantes a lo largo del ciclo sexual mensual femenino, sino que su secreción es muy  distinta en las diferentes etapas del ciclo.

Las hormonas sexuales femeninas producidas en el ovario son fundamentalmente el  estradiol y la progesterona aunque también se producen pequeñas cantidades de estrona, androstendiona, testosterona y 17-α- hidroxiprogesterona y varias hormonas no esteroideas como la inhibina, relaxina y algunos factores locales.

Todos los esteroides ováricos se producen fundamentalmente en las estructuras foliculares y en el cuerpo. Al igual que los producidos por los testículos, glándulas suprarrenales o en la placenta, derivan del colesterol, que se obtiene a partir de tres fuentes principales: colesterol circulante en sangre en forma de lipoproteínas, el que se sintetiza de novo dentro del ovario a partir de acetilcoenzima A y el que se libera de los ésteres del colesterol almacenados en las gotas lipídicas.

Estrógenos

El estrógeno más potente e importante de los secretados por el ovario es el ESTRADIOL -17β, aunque también se secreta la ESTRONA. En estrógeno más importante en orina es el ESTRIOL y resulta del metabolismo de los dos anteriores.

La secreción de estradiol al plasma es variable a lo largo del ciclo menstrual, con unos valores de alrededor de 30 pg/ML en la fase folicular temprana que llegan a 300 pg/mL en la fase preovulatoria, disminuyen marcadamente en los 2-3 días siguientes a la ovulación y alcanzan de nuevo 200 pg/mL durante la fase lútea.

El otro estrógeno destacado es la Estrona, que  si bien no juega un papel importante durante el ciclo menstrual, pues el folículo produce un 95% de estradiol, se convierte sin embargo en el estrógeno dominante a partir de la menopausia.

Los estrógenos ejercen una gran diversidad de acciones sobre diversos tejidos del organismo. A partir de la pubertad estimulan el desarrollo de los caracteres sexuales secundarios femeninos induciendo el crecimiento mamario, la distribución característica  de la grasa corporal predominantemente alrededor de muslos y caderas y el desarrollo de genitales internos y externos. Con la menopausia, se produce un incremento de la masa adiposa corporal  así como una redistribución de dicha grasa corporal, que pasa a presentar una distribución central o abdominal, típicamente masculina, y estos cambios parecen ser independientes del proceso de envejecimiento.

El útero aumenta de tamaño, proliferando el endometrio de forma característica. La mucosa vaginal sufre un proceso de cornificación en sus células epiteliales, que se enriquecen de glucógeno. El cuello uterino presenta una secreción mucosa que se incrementa en cantidad y se hace muy filante (tipo helecho), encaminada a facilitar el paso de los espermatozioides a través del moco cervical.

También aumenta el tamaño de la trompas. El músculo uterino aumenta sus contracciones espontáneas. Sobre la mama, estimulan la proliferación de los conductos galactóforos.

Actúan sobre el hipotálamo modulando la secreción de LHRH y dopamina, con lo que  disminuyen los niveles de gonadotropinas y estimulan la producción de prolactina. Estimulan la aparición de receptores para FSH en el folículo y hacen a la hipófisis más sensible a su hormona estimulante hipotalámica, LHRH.

Regulan el crecimiento de los huesos largos, pero cierran los cartílagos de conjunción, por lo que a la larga, detienen el crecimiento. También estimulan el anabolismo y actúan sobre los huesos facilitando su mineralización.

Los estrógenos incrementan la eficacia de los mecanismos vasodilatadores dependientes de NO y prostaciclinas y disminuyen la actividad de los sistemas vasoconstrictores como prostaglandinas, sistema renina-angiotensina-aldosterona.

Progestágenos

La Progesterona es un esteroide de 21 átomos de carbono que procede de la pregnenolona. Durante la fase folicular, los niveles plasmáticos son de alrededor de 0.5 ng/mL y su procedencia es tanto folicular como suprarrenal. A partir de la ovulación, el cuerpo lúteo es el productor principal generando un incremento marcado de sus concentraciones, que llegan a alcanzar de 10 a 40 veces los valores previos hasta llegar a 20 ng/mr.

La progesterona se secreta por el cuerpo lúteo durante la segunda parte del ciclo menstrual. Actúa principalmente sobre un endometrio previamente estimulado por el estradiol durante la primera fase del ciclo (fase proliferativa) para prepararlo para la nidación y el embarazo, induciendo la aparición de un endometrio secretor desarrollando en el mismo glándulas endometriales que producen una secreción rica en carbohidratos, la leche uterina.

Al contrario que el estradiol, disminuye la amplitud y frecuencia de las contracciones uterinas y reduce la sensibilidad al estímulo contráctil de la oxitocina. Transforma el moco cervical disminuyendo su secreción y haciéndola más espesa y viscosa, con lo que impide la entrada de los espermatozoides en el interior del útero.

La progesterona disminuye la frecuencia de las pulsatilidad de la LH, sin afectar a la FSH.

La propia progesterona o sus metabolitos tienen una acción termogénica, incrementando la temperatura corporal. De hecho, este incremento se utiliza en la práctica clínica como índice de que ha ocurrido la ovulación.

Regulación de la función ovárica.

HORMONAS HIPOFISARIAS.

El control de la función ovárica es llevado a cabo por las hormonas gonadotrópicas hipofisarias, que incluyen la hormona luteinizante- LH, la hormona folículo-estimulante-FSH, la prolactina y la hormona coriónica- hCG.

Las dos primeras se producen en las células basófilas de la adenohipófisis y tienen una estructura glucoproteica. Ambas presentan una secreción pulsátil en la mujer  en dependencia  directa de la secreción de un decapéptido hipotalámico, el LHRH. Además de su pulsatilidad, ambas gonadotropinas presentan un perfil cíclico mensual con valores de FSH más elevados al final de la fase lútea y comienzo de la fase folicular y con un pico marcado durante la etapa ovulatoria. La LH presenta también valores ligeramente más altos al final de la fase folicular seguidos de un pico periovulatorio de mayor magnitud que el de FSH y disminución durante la fase lútea.

La prolactina es un péptido lineal emparentado con la GH y el lactógeno placentario y producido en las células eosinófilas de la adenohipófisis, que además de sus acciones sobre el sistema reproductor, presenta acciones sobre el metabolismo y el equilibrio hídrico en muchas especies de vertebrados.

La hCG se produce en el tejido corial a partir del huevo fecundado, y es responsable del mantenimiento de la función del cuerpo lúteo gravídico.

Si se elimina el funcionamiento ovárico, bien por la llegada del climaterio, bien por castración, la LH y la FSH se incrementan de forma evidente, con un mayor predominio de la segunda y manteniendo su carácter de secreción pulsátil.

Los folículos primordiales y primarios son insensibles a las gonadotropinas y se desarrollan en función de los sistemas locales intraováricos, Al llegar la pubertad, la FSH ejerce una acción estimulante del desarrollo folicular, a la vez que induce la aromatización estrogénica y la síntesis de inhibina. Así, la FSH, actuando sobre sus receptores localizados en las células de la capa granulosa, induce desarrollo folicular y síntesis de estradiol a expensas de la androstendiona sintetizada en las células locales bajo el estímulo de la LH. Inicialmente, la FSH interviene también en el proceso de reclutamiento folicular, crecimiento folicular y desarrollo del folículo dominante. Será precisamente en éste donde los niveles aumentados de estradiol producidos determinen un incremento de sus receptores para la FSH. Esto posibilita que este folículo continúe desarrollándose en presencia de niveles cada vez más bajos de FSH, que determinan la atresia de los otros folículos que no son tan sensibles. Esta bajada de la FSH ocurre por el feedback negativo de los estrógenos, conjuntamente con la inhibina, sobre la FSH.

La LH actúa sobre el folículo ya maduro generando toda una serie de eventos que van a desembocar en la ovulación. Además, actuando sobre las células de la teca y también sobre las granulosas maduras, las luteiniza transformando el folículo en cuerpo lúteo, e incrementando éste la producción de progesterona. La LH produce además una lisis del cúmulo oóforo y reanuda la maduración del oocito. La LH es, pues, responsable de la ovulación, la maduración del oocito y la luteinización del folículo.

También interviene la LH en la síntesis de estradiol, según la teoría en boga de las dos gonadotropinas y dos células. Es necesaria para la síntesis de androstendiona, que pasará después a las células de la granulosa para sufrir en éstas un proceso de aromatización. Las células de la granulosa carecen de las enzimas necesarias para la transformación de progesterona en androstendiona, mientras que las células tecales carecen de aromatasas. Se produce así una cooperación necesaria entre ambos tipos celulares, y ambas gonadotropinas para dar lugar al estradiol.

Aparte de estos mecanismos de regulación, en la mitad del ciclo aparece un pico secretor de LH y FSH que parece ser responsable de la ovulación y de la luteinización mediante mecanismos que se discutirán más adelante.

CONTROL HIPOTALÁMICO DE LA SECRECIÓN DE GONADOTROPINAS: GNRH O LHRH

La GnRH es el decapéptido hipotalámico que regula la secreción de LH y FSH. Consigue, mediante la modificación de su frecuencia de pulsos, no solamente incrementar o disminuir los niveles de ambas gonadotropinas, sino que es capaz de controlar por separado a LH y FSH. Si administramos GnRH de forma pulsátil, se mantienen los niveles de LH y FSH en una proporción similar a la normal en la mujer. Sin embargo, si se incrementa la frecuencia de pulsos o se administra de manera continua, ambas gonadotropinas disminuyen al cabo de varios días. Tiene lugar un fenómeno denominado de regulación negativa (down regulation) de receptores en las células gonadotropas hipofisarias, que las hace insensibles al estímulo con GnRH.

La secreción fisiológicamente pulsátil de LHRH a nivel hipotalámico es capaz de desencadenar, en las células gonadotropas de la hipófisis, la liberación de LH y FSH. Sin embargo, la magnitud de la respuesta es proporcional al ambiente estrogénico: los estrógenos parecen ejercer un efecto inhibidor sobre la liberación de gonadotropinas por la hipófisis, a la vez que, por otra parte, incrementan su biosíntesis. De esta manera, el incremento continuo de los niveles plasmáticos de estrógenos durante la maduración folicular daría lugar a una disminución de los niveles de LH y FSH circulantes, por un lado, pero por otro a un incremento de los niveles hipofisarios de ambas gonadotropinas.

Durante la segunda fase del ciclo, el incremento de estrógenos va acompañado de un incremento manifiesto en los niveles de progesterona, y esta última es capaz de impedir el de incremento de biosíntesis de gonadotropinas que determinan los estrógenos aislados. Por tanto, aunque los niveles estrogénicos permanecen altos durante toda la fase luteínica, al final de la misma no se produce ninguna liberación de otro pico de LH y FSH, por impedirlo la progesterona.

Clásicamente, se admite que el ciclo menstrual está gobernado por una interacción entre hipotálamo, hipófisis y ovario, donde el hipotálamo desempeña un papel preponderante. Se plantea, sin embargo, una dificultad en el entendimiento de cómo un sistema de retroali-mentación negativo, como el mencionado anteriormente, ejercido por estrógenos y progesterona sobre la secreción de LH y FSH, puede en un momento determinado, alrededor de la fase ovulatoria, convertirse en un feedback positivo que determine la presencia del pico ovulatorio de LH y FSH.

Podríamos establecer un símil hidráulico, considerando a la hipófisis como un recipiente con un grifo de entrada (biosíntesis) y otro de salida (secreción). El nivel del líquido (gonadotropinas) se mantiene en equilibrio dinámico.

  1. Los estrógenos estimulan la síntesis e impiden la liberación de gonadotropinas a la sangre, con lo cual los niveles plasmáticos bajan (feedback negativo), pero el contenido hipofisario aumenta (aumento del líquido).
  2. Si consideramos que el recipiente tiene un sifón como “válvula de seguridad”, cuando el nivel del líquido en la hipófisis alcanza una altura determinada, funcionará el sifón y se liberará en poco tiempo una gran cantidad de líquido (pico de gonadotropinas).
  3. De esta manera podríamos explicarnos la acción de los estrógenos a nivel puramente hipofisario, desempeñando el hipotálamo (GnRH) un papel secundario en este proceso.

Sin embargo, como mencionábamos anteriormente, esto no es del todo cierto, ya que no sólo estrógenos y progesterona actuando sobre la hipófisis serán capaces de modificar la secreción de gonadotropinas por la misma, sino que la GnRH, en función de la modificación de la frecuencia de sus pulsos, o de la magnitud de los mismos, también podrá desempeñar un papel importante en el estímulo hipofisario.

La interacción entre todos los componentes mencionados hasta ahora, por medio de los circuitos de información positivos y negativos, da lugar, por consiguiente, a la instauración del ciclo menstrual.

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CICLO MENSTRUAL

Desde el comienzo de la pubertad, y hasta la menopausia, el ovario funciona produciendo una serie de secreciones hormonales cíclicas que, mediante su acción sobre varios órganos del cuerpo, darán lugar al ciclo menstrual, el cual se traduce en toda una serie de cambios hormonales.

Como hecho más importante de estos ciclos menstruales cabe destacar la liberación de un óvulo fecundable cada mes aproximadamente; sin embargo, el fenómeno más evidente macroscópicamente es el sangrado menstrual, que aparece también con la misma periodicidad y que es consecuencia de la acción coordinada hormonal ovárica sobre el endometrio uterino.

Los esferoides ováricos actúan igualmente sobre otras estructuras del tracto reproductivo, si bien con efectos menos evidentes. Existe, por tanto, también un proceso cíclico en las trompas, útero, vagina, vulva y mamas, en función de los cambios hormonales periódicos a los que da lugar el ovario.

Fases del ciclo

Fase folicular temprana (días 1 al 4)

Comienza con el inicio del sangrado menstrual, que corresponde en realidad a la terminación del ciclo precedente. Durante los días 1 al 4 del ciclo menstrual, contando a partir del inicio de la menstruación, comienza el desarrollo progresivo de una serie de folículos primarios gracias a los niveles elevados de FSH fundamentalmente. Los niveles plasmáticos altos de las gonadotropinas pueden relacionarse con los bajos niveles plasmáticos de las hormonas sexuales, debidos a su vez a la regresión del cuerpo lúteo del ciclo precedente. Los niveles altos de FSH desarrollan los folículos y elevan además el número de receptores para LH en las células de la granulosa y de la teca, de forma que pueda ponerse en marcha el sistema bicelular de producción esteroidea ovárica.

Los niveles de estradiol son bajos en plasma a pesar del número elevado de folículos que inician el desarrollo.

Fase folicular media (días 5 al 7)

A medida que va progresando el desarrollo folicular, los elementos celulares de esta estructura van adquiriendo mayor capacidad esteroidogénica; esto lleva a un lento y progresivo aumento de los estrógenos y de la inhibina, los cuales a su vez determinan la disminución de los niveles de FSH y permiten que la relación FSH:LH llegue a ser inferior a 1. Esta caída de los niveles de FSH hace que aquellos folículos menos dotados de receptores de FSH vayan sufriendo gradualmente un proceso de atresia. El mejor preparado por el contrario continuará con su desarrollo hasta convertirse en el folículo dominante en virtud de una mayor sensibilidad a la FSH y a una mayor capacidad aromatasa. En éste se desarrolla la teca interna, aumentando su receptividad a la LH e incrementando la producción de andrógenos por la misma. A su vez, las células de la granulosa incrementan su actividad aromatasa, de forma que al final de esta fase el complejo celular teca-granulosa del folículo consigue una funcionalidad casi completa y todo está dispuesto para entrar en la fase folicular tardía.

Fase folicular tardía (días 8 al 12)

Este período se caracteriza por el incremento de los estrógenos procedentes del folículo dominante hasta alcanzar valores máximos entre 40 y 50 horas antes de la aparición del pico ovulatorio de LH. En esta fase el folículo madura totalmente y tiene una cavidad antral que llega a alcanzar diámetros de 15-20 mm.

Al final de esta fase folicular tardía, los niveles de LH y FSH comienzan a elevarse para dar lugar al pico ovulatorio, en el que la LH se incrementa muchísimo más que la FSH.

El endometrio muestra el aspecto característico de proliferación y el moco cervical comienza a fluidificarse y a cristalizar en forma arborescente (en helechos) en función de su alto contenido de cloruro sódico determinado por la acción estrogénica.

Fase periovulatoria (días 13 al 14)

En este período se alcanza el pico máximo de secreción de estradiol, con niveles entre 200 y 450 pg/mL. Entre 24 y 48 horas después de este pico, aparecen los de LH y FSH, que a su vez alcanzarán sus valores máximos entre 16 y 24 horas antes de la ovulación. Una vez ocurrida la

ovulación, disminuyen los niveles de estrógenos, y la progesterona, que durante la fase folicular había mantenido unos niveles bajos, aumenta lentamente.

En esta fase el endometrio alcanza la máxima proliferación y comienzan a aparecer los primeros signos de una transformación secretora; el moco cervical tiene sus máximas características de filancia, fluidez y cristalización, y la temperatura basal presenta un nadir.

Fase luteínica inicial (días 15 al 21)

Después de la ovulación hay un período de cerca de 3 días en el cual, a partir de los restos foliculares y por la acción fundamental de la LH, se formará el cuerpo lúteo, que será el elemento funcional protagonista de la segunda mitad del ciclo menstrual.

Esta fase se caracteriza por un incremento rápido de los niveles plasmáticos de progesterona, que se relacionan con la maduración inicial del cuerpo lúteo. Los estrógenos, tras una fase de disminución postovulatoria, vuelven de nuevo a incrementarse, si bien no de forma tan manifiesta como en la fase preovulatoria. La LH y la FSH disminuyen progresivamente hasta alcanzar, al final de esta fase, valores análogos a los encontrados en el período folicular.

El endometrio se transforma netamente en secretor, esto es, idóneo para permitir el anidamiento del huevo en el útero, en caso de que haya fecundación.

Fase luteínica media (días 22 al 24)

El cuadro hormonal corresponde a una actividad máxima del cuerpo lúteo. La progesterona alcanza sus máximas concentraciones plasmáticas, entre 10 y 20 ng/mL, y los estrógenos alcanzan un segundo pico (si bien inferior al de la fase periovulatoria) de entre 150 y 250 pg/mL.

Las gonadotropinas presentan los niveles más bajos de todo el ciclo menstrual, de acuerdo con la acción del feedback negativo ejercido conjuntamente por estrógenos y progesterona.

El endometrio tiene unas características secretoras evidentes, con un desarrollo muy acusado de las luces glandulares, y la secreción de moco cervical vuelve a disminuir notablemente, siendo éste, además, espeso, no cristalizante, no filante y con dificultad manifiesta para su penetración por parte de los espermatozoides.

Fase luteínica tardía o luteolítica (días 25 al 28)

Se caracteriza porque empieza a declinar la secreción hormonal, tanto de progesterona como de estradiol, acompañada de un inicio de incremento de las gonadotropinas, fundamentalmente de la FSH. El cuerpo lúteo va regresando funcionalmente, de manera progresiva, por el fenómeno de la luteólisis, hasta que los niveles hormonales esteroide-os disminuyen prácticamente a cero. Al disminuir los niveles plasmáticos, deja de actuar el feedback negativo sobre las gonadotropinas, como ya hemos mencionado, y se incrementan fundamentalmente los niveles de FSH. Los niveles bajos de esteroides ováricos determinan el esfacela-miento de la mucosa endometrial y el inicio del flujo menstrual.

TRASTORNOS MÁS FRECUENTES

  • Ovarios poliquísticos: los ovarios presentan múltiples y pequeños quistes, resultado de un desarrollo folicular incompleto o de un fallo de ovulación debido a un trastorno interno del mismo ovario.
  • Endometriosis, que consiste en el crecimiento anormal fuera de la cavidad uterina del tejido que normalmente está cubriendo las paredes internas del útero (endometrio).
  • Obstrucción tubárica, ausencia o lesión de las trompas de Falopio.
  • Esterilidad de origen desconocido.
  • Trastorno mixto: Masculino y Femenino.
  • Trastornos inmunológicos
  • Otros
     

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