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El efecto de las hormonas en el exceso de peso de las mujeres

Adamed Mujer en 30 mayo, 2017 - 5:00 pm en Alimentación

En determinadas ocasiones el exceso de peso de las mujeres tiene que ver más con un desequilibrio hormonal que como resultado de una vida sedentaria o una mala alimentación. Uno de los motivos más frecuentes de ese desequilibrio puede ser un estrés crónico. «Ese estrés que nunca cede provoca inflamación y altera los niveles de cortisol y de otras hormonas que hacen que almacenemos grasa en zonas específicas», aclara Sara Gottfried, autora del libro The Hormone Reset Diet.  Esta médico y ginecóloga, graduada en Harvard y en el Massachusetts Institute of Technology, explica cómo la silueta y el estilo de vida dan pistas sobre determinados problemas hormonales que se ocultan tras el exceso de peso. «Olvidamos que las hormonas son auténticas bombas químicas que dictan funciones orgánicas, entre ellas el metabolismo, los niveles de energía, el estado de ánimo, la composición bacteriana intestinal y hasta la adicción a los dulces. Si no tratas el problema hormonal, los planes de pérdida de peso acaban fallando», sentencia Gottfried.

  • Insulina, la hormona del azúcar

Cuando se come, los niveles de glucosa o azúcar en sangre aumentan y el páncreas responde segregando insulina, encargada de redistribuir ese azúcar a todas las células del organismo, que la utilizan como energía. Las cosas se complican cuando la dieta es siempre rica en azúcares y/o carbohidratos refinados. «Como las células no saben qué hacer con tanto azúcar disponible, el sistema se gripa, favoreciendo la resistencia a la insulina. Relacionada con aumento de peso y con adicción a los alimentos ricos en azúcares e hidratos refinados, la resistencia a la insulina es la antesala de la diabetes tipo 2», explica Gottfried. La resistencia a la insulina favorece la acumulación de grasa en la parte baja del abdomen. Este tipo de grasa abdominal o visceral rodea los órganos internos y tiene efecto inflamatorio, mucho peor para la salud que la grasa subcutánea, responsable de la piel de naranja.

Se han de evitar los azúcares añadidos y la comida rápida, y optar por alimentos frescos con bajo índice glucémico, que aumentan lentamente los niveles de azúcar en sangre y, de ese modo, permiten que la insulina actúe de forma más eficaz. El índice glucémico (IG) indica la capacidad que tiene un alimento para aumentar los niveles de azúcar en sangre después de consumirlo. La glucosa, tiene un IG de 100. Un IG superior a 70 se considera alto. Entre 55 y 70 se considera moderado. Inferior a 55 es bajo. En general, los alimentos ricos en fibra y que se digieren lentamente tienen un IG más bajo que los pobres en fibra y que se digieren rápidamente.

  • Lo que te pasa si te falta la hormona tiroidea

Sin que se sea consciente de ello, la glándula tiroides envía constantemente hormona tiroidea a la sangre para tener controlado el metabolismo. Si la produce en cantidades adecuadas, todo va como la seda, pero si no produce la suficiente, el metabolismo se ralentiza. Aumento de peso, cansancio, estado de ánimo deprimido, alopecia, piel seca y bajo deseo sexual son síntomas de déficit de hormona tiroidea, un trastorno mucho más frecuente en la mujer. Así, tienen todas las papeletas para seguir ganando grasa corporal y peso, además de colesterol y triglicéridos.

Como el tratamiento puede tardar en hacer efecto, lo mejor es actuar en las cosas que sí podemos controlar. Las medidas pasan sobre todo por el aumento de la actividad física y la vida al aire libre, además del control del estrés, unas pautas de sueño regulares y una alimentación equilibrada, basada en alimentos frescos. Algunos naturópatas recomiendan también extracto de avena, vitaminas del grupo B y hierro.

  • Cortisol, la hormona del estrés

El estilo de vida actual nos mantiene siempre con un nivel alto de estrés y por tanto con niveles de cortisol altos. Entre los efectos de ese estrés crónico se citan la resistencia a la insulina y un aumento de la grasa corporal. Lo que dice la silueta. Altos niveles de estrés y cortisol favorecen esos vientres redondos en los que la grasa se acumula desde debajo del pecho. También pueden producir retención de líquidos y aumento de grasa en la zona del rostro, los hombros y la espalda.

Para evitarlo se puede recurrir a técnicas de relajación, meditación, o respiración profunda. Los masajes terapéuticos pueden mejorar el drenaje linfático y suplementos de magnesio, valeriana y pasiflora tienen efecto relajante y ayudan a dormir mejor. Un sueño reparador contribuye a regular los niveles de cortisol y de leptina del organismo.

  • Los pesticidas actúan como hormonas

Muchos pesticidas actúan como disruptores endocrinos, lo que quiere decir que imitan, bloquean o interfieren la función de las hormonas naturales del organismo. La exposición constante a los pesticidas a través de los alimentos y otros productos del entorno se relaciona con un aumento del riesgo de obesidad y de diabetes. Optar por alimentos ecológicos puede ser una solución, pero no está al alcance de todos los bolsillos. Otras son cultivar frutas y verduras en casa u optar por la versión ecológica de los alimentos citados en la lista de «Los sucios 12», que son los que más pesticidas contienen: fresones, espinacas, nectarinas, manzanas, melocotones, peras, cerezas, uvas, apio, tomates, pimientos morrones y patatas.

Los estrógenos se combinan con la progesterona en un frágil equilibrio que, si se altera (ya sea por tomar anticonceptivos, por desarreglos hormonales o por la menopausia), afecta al metabolismo. Cuando faltan estrógenos (como en la menopausia), las grasas se acumulan sobre todo en la zona de la cintura, el vientre y los brazos. El exceso de estrógenos (lo que puede ocurrir cuando se toman ciertos anticonceptivos orales) favorece la retención de líquidos y la acumulación de grasa en los muslos y las rodillas. Una consulta al ginecólogo nos puede ayudar a conocer si es conveniente cambiar de anticonceptivo o si es necesario algún tratamiento hormonal.

  • GH, hormona del crecimiento

Esta hormona ayuda a sintetizar las proteínas, a fabricar músculo, a mantener la masa ósea y a metabolizar la grasa cuando funciona bien. Pero cuando disminuyen los niveles de GH, algo muy probable a medida que cumplimos años o la GH no funciona debidamente, todas esas funciones se ven alteradas. Varios estudios relacionan niveles bajos de GH con el aumento de grasa corporal y pérdida de masa muscular y ósea, además de resistencia a la insulina, hipertensión, bajo deseo sexual e inestabilidad emocional.

Se recomienda en estos casos moverse más, porque el ejercicio físico activa la GH. También es recomendable reducir el consumo de azúcar y adoptar técnicas de relajación, que hacen descender los niveles de insulina y reequilibran los de la hormona del crecimiento. Dormir bien es esencial, porque la falta de sueño reduce la producción de esta hormona. Otros estudios indican que tomar melatonina puede aumentar la GH. Uno publicado en Journal of the International Society of Sports Nutrition comprobó que una dosis de 5 mg de melatonina por la noche la aumentaba en un 157%. Si bien la terapia con hormona del crecimiento está indicada en niños de talla baja para su edad o en afectados con el síndrome de Prader-Willy, no se aconseja en adultos, por sus efectos metabólicos, salvo que la prescriba un médico.

 

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