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¿Qué beneficios tiene la vitamina D en la salud cerebral?

Adamed Mujer en 19 abril, 2017 - 5:39 pm en Alimentación

La vitamina D tiene un papel relevante para la salud en general, probablemente poco conocido, ya que suele asociarse sólo al recambio mineral del hueso, pero tiene más e importantes acciones en el organismo, tanto en el tejido del óseo como muscular, en el sistema inmune, el metabolismo de la glucosa y de manera relevante, sobre sistema nervioso central. De hecho, es probable que en un corto período de tiempo pase a ser considerada, como las hormonas tiroideas, una hormona de acción multisistémica. La mayor  parte de la vitamina D, que tiene una amplia participación en múltiples funciones celulares, se produce en nuestra piel a partir de la exposición a los rayos solares, específicamente la radiación ultravioleta B, y sólo una pequeña parte proviene de la dieta.

“Ha transcurrido un largo trayecto desde el descubrimiento por el doctor McCollum de la vitamina D como responsable del raquitismo y elemento esencial de la mineralización ósea en 1922, que ha permitido a los investigadores profundizar sobre la misma, hallando acciones extraóseas y, de manera muy especial, relacionadas con el cerebro y su adecuado funcionamiento”, explica el doctor René de Lamar, especialista en Geriatría del Hospital Perpetuo Socorro en Las Palmas de Gran Canaria. “Se han detectado receptores para la vitamina D en casi todos los tejidos humanos, además de descubrir su capacidad de regulación en la expresión de numerosos genes. Hay genes regulados por esta vitamina que han mostrado ser importantes para la regulación de la transcripción genética, la función inmune, la respuesta al estrés y la reparación del DNA”, continúa el geriatra.

Numerosos estudios sustentan una fuerte conexión entre bajos niveles de vitamina D y enfermedades neurológicas, pero se conoce aún poco sobre los efectos de su reposición sobre la reversibilidad o incidencia sobre la evolución de dichas afecciones. De hecho, actualmente se investiga en qué medida el tratamiento precoz de un eventual déficit de esta vitamina puede incidir sobre la magnitud o intensidad de las manifestaciones clínicas de las enfermedades neurodegenerativas en la población mayor de 65 años. Comparados los resultados de estudios neuropsicológicos entre pacientes que ostentan niveles óptimos de vitamina D y los que tienen deficiencia de la misma, se han objetivado peores resultados en los test mentales de cribaje aplicados en los que tienen deficiencia, los cuales a medio y corto plazo, tienen un mayor riesgo de desarrollar enfermedad de Parkinson, de Alzheimer y otros tipos de demencia.

La edad es el principal factor de riesgo para desarrollar la enfermedad de Alzheimer, y a la vez incrementa la tendencia a padecer deficiencia de vitamina D. Por ello se investiga si esta relación es casual, coincidente en el tiempo o pudiera tener una relación causa-efecto. Por todas las implicaciones sobre el organismo, además de las enfermedades neurológicas, el control periódico de los niveles en sangre de vitamina D y su adecuado tratamiento puede resultar beneficioso para la salud y el mantenimiento de la calidad de vida en el curso del envejecimiento. Y es que “esta vitamina puede proteger el cerebro a través de sus propiedades antiinflamatorias e inmunológicas”, asegura el doctor Lamar.

Pese a estos datos, existe un elevado porcentaje de personas con déficit comprobado de vitamina D con afecciones cerebrales, como la esclerosis múltiple y las demencias, en las que se estima que, respectivamente, tienen un 80% y un 90 % de niveles de la vitamina por debajo de los 20 ng/ml. Sin embargo, existe un acuerdo consensuado en recomendar unos niveles en sangre superiores a 30 ng/ml. La monitorización de estos niveles en grupos de riesgo cada seis meses puede resultar una medida eficaz, salvo criterio médico de otras pautas. Estos grupos están constituidos fundamentalmente por personas mayores, ya que la edad avanzada puede reducir el espesor de la piel, afectando a la capacidad del organismo para sintetizarla tras la exposición al sol, a lo que se puede sumar una dieta deficitaria y la afectación de la absorción intestinal. Algo similar ocurre con las personas con obesidad, cuya necesidad de suplementos de vitamina D son más altas.

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