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¿Y si la intolerancia es a los fructanos y no al gluten?

Adamed Mujer en 21 noviembre, 2017 - 5:29 pm en Alimentación

Es posible que la mayor parte de los mortales se eche las manos a la cabeza -en especial, los afectados- cuando se entere que el presunto culpable del malestar en la controvertida sensibilidad al gluten no celíaca, no es el gluten. En su lugar, una reciente investigación apunta su dedo acusador hacia otro sospechoso: los fructanos. Al menos esa es la nueva dirección de sus indagaciones.

¿Qué son los fructanos?

Los fructanos son una familia de polisacáridos y oligosacáridos formados exclusivamente por unidades de D-fructosa. Los encontraremos exclusivamente en fuentes alimentarias vegetales, entre las que destacan los provenientes de la familia de las aliáceas. Por ejemplo en los puerros, el ajo o la cebolla, pero también en los espárragos, las alcachofas y, por supuesto, el trigo, el centeno y sus derivados. La cantidad de fructanos en el centeno y el trigo es menor que en los otros productos mencionados, pero también es preciso tener en cuenta que en nuestras dietas se suelen incorporar más productos basados en el trigo que en los primeros.

¿Por qué se sospecha de ellos como generadores de sensibilidad alimentaria?

En esta reciente investigación se reunió a 53 mujeres y seis hombres que habían autorreportado padecer Sensibilidad al Gluten No Celíaca (en adelante SGNC). Este punto es importante: no contaban con un diagnóstico médico de SGNC, sino que ellos mismos manifestaron -sin otros criterios especializados- padecerlo. Estas personas se separaron aleatoriamente en tres grupos, a los del primero se les administraron barritas de muesli que contenían gluten, a los del segundo barritas ricas en fructanos y a los del tercero barritas libres de ambos elementos, y así durante siete días.

Pasada la primera semana, y tras unos días de descanso, los participantes rotaban de grupo hasta asegurarse que toda la muestra era objeto de cada una de las intervenciones durante una semana: con gluten, con fructanos y sin nada de ello. La sintomatología -digestiva- de cada participante se midió en base a la escala que valora los síntomas del Síndrome de Intestino Irritable. Los resultados echaron por tierra las creencias de los participantes respecto al SGNC que se habían autodiagnosticado: fueron los fructanos y no el gluten presentes en las barritas de muesli los que les provocaban una mayor respuesta sintomatológica. El resumen del artículo es fácil, aunque las conclusiones nos dejen casi con más interrogantes que al principio.

Hay que matizar que los resultados no excluyen ni mucho menos el posible efecto del gluten en algunos pacientes, incluso habiéndose descartado la enfermedad celíaca. A pesar de que se observó una mayor sintomatología con los fructanos, la exposición al gluten también ofreció resultados ‘positivos’. Todo ello sin tener en cuenta un posible efecto sinérgico entre el gluten y los fructanos; o que -tal y como parece-, algunos pacientes con SGNC se ven más afectados por la presencia de gluten en su alimentación y otros por la presencia de fructanos.

Lo que sí parece bastante claro es la escasez de argumentos para diferenciar la SGNC de lo que ya está definido desde hace tiempo como Síndrome de Intestino Irritable, sobre todo cuando en la mayor parte de los casos -al menos en este estudio- el gluten no fue tan culpable y lo fueron más los famosos fructanos. A la luz que arroja este trabajo, es posible que la mejoría que experimentan las personas con SGNC al retirar de su dieta el trigo, el centeno y otros cereales con gluten -y sus derivados- se deba a la disminución en la carga de fructanos, y no tanto en la del mismo gluten. Lo que supondría un argumento más para dejar de cargar las tintas en esta proteína, e incluso para poner en entredicho la nomenclatura de la propia SGNC.

La historia del SGNC

Es un buen momento para plantearse las dudas que sobre la SGNC tiene la comunidad científica (previas a la publicación del estudio en cuestión). No caben dudas respecto a la naturaleza y diagnóstico de la enfermedad celíaca. Resumiendo, la celiaquía es un trastorno autoinmune crónico del aparato digestivo, producido en personas genéticamente predispuestas por el gluten. Se caracteriza por una reacción inflamatoria en la mucosa del intestino delgado, que dificulta la absorción de macro y micronutrientes y cuyo único tratamiento eficaz para controlarla es una dieta sin gluten estricta para toda la vida.

Entre muchos otros síntomas posibles, son muchos los relacionados con las funciones intestinal, digestiva y absortiva. Su diagnóstico no es inmediato, pero cuenta con un protocolo definido y útil que se puede encontrar en este enlace del Ministerio de Sanidad. Así, el que cumple con los criterios diagnósticos puede decirse que padece enfermedad celíaca. Si un paciente sufre de determinada sintomatología, parecida a los de la celiaquía pero sin cumplir con los criterios diagnósticos mencionados en el enlace, sufrirá de algún otro trastorno o enfermedad, pero no de celiaquía.

Desde hace unos años atrás ha tomado cierta carta de credibilidad la conocida como SNCG. En estos pacientes, y una vez descartada la enfermedad celíaca según el protocolo, se observan una serie de síntomas gastrointestinales como diarrea, dolor o hinchazón abdominal, aunque también pueden presentarse manifestaciones extradigestivas como cansancio, dificultad para concentrarse y dolores musculares o articulares, muchas de ellos comunes con la celiaquía.

Una característica determinante en estos pacientes es que la sintomatología se alivia o remite con la eliminación en la dieta de aquellos cereales portadores de gluten, lo que ha propiciado la inclusión del término “gluten” en su denominación sin que se sepa a ciencia cierta si el causante de esos síntomas son sus propias proteínas, otras proteínas de algunos cereales o incluso elementos de otra naturaleza, como la fracción de hidratos de carbono donde entrarían los fructanos.

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