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El uso de la píldora anticonceptiva disminuye un 4% respecto a los últimos años

Adamed Mujer en 25 marzo, 2021 - 9:47 am en Anticonceptivos

Las píldoras anticonceptivas suponen un aporte exógeno de hormonas –progestágenos bien solos o bien acompañados de estrógenos– que controlan los ovarios y el útero y juegan un papel importante en el ciclo menstrual. Cuando se consumen impiden la ovulación y la penetración de los espermatozoides por alteraciones en el cérvix, a la par que modifican la contractilidad uterina. Todos estos efectos disminuyen la posibilidad de fecundación y, por tanto, de embarazo.

La mayoría de las píldoras combinadas se comercializa en envases que contienen 21, 22 ó 24 pastillas con hormonas, o bien 28 píldoras que incluyen píldoras placebo (de otro color) para los días del ciclo. Se toma una píldora por día, aproximadamente a la misma hora. Las mujeres tienen su período cuando dejan de tomar las píldoras que contienen hormonas. Algunas mujeres prefieren el envase de 28 días, es decir, con las de placebo incluidas. Porque así no se les olvida qué día tienen que volver a empezar el ciclo del nuevo envase.

También existe la minipíldora, una píldora con progesterona a ínfimas dosis que se toma todos los días sin ninguna interrupción. Con un inconveniente, y es que puede resultar un poco menos eficaz para la prevención del embarazo que las píldoras combinadas. Si es la primera vez que una mujer toma las píldoras, deberá comenzar el primer día de la menstruación y utilizar preservativo durante los primeros 7 días como método barrera. Pasada esa semana, la paciente ya estaría protegida frente a un embarazo solo con la píldora. Aunque de igual manera, para evitar enfermedades de transmisión sexual, se deberían continuar usando preservativos.

A favor de la píldora debemos decir que se trata de un método anticonceptivo seguro y efectivo con efectos beneficiosos: ciclos menstruales más regulares y con menos sangrado, un síndrome premenstrual más leve, menos dolor durante la menstruación y disminución del riesgo de quistes de ovarios. Sin embargo no todo es color de rosa. Las píldoras anticonceptivas pueden generar posibles efectos secundarios. Entre los más comunes destacan:

  • Sangrado menstrual irregular, náuseas, dolor de cabeza, mareos, dolor en los pechos o cambios en el estado de ánimo (1 de cada 10 usuarias).
  • Vómitos, diarrea, retención de líquidos (1 de cada 100).
  • Coágulos de sangre (1 de cada 1000, sobre todo en fumadoras mayores de 35 años).

Aparte de los efectos adversos que figuran en la ficha técnica de la píldora, se ha observado que su consumo podría predisponer al desarrollo de cáncer de mama, sobre todo de tumores dependientes de estrógenos. Por tanto, hay que prestar especial atención si existen antecedentes en la familia.

En los últimos dos años se ha visto una disminución del 4% en el consumo de la píldora anticonceptiva. Podría ser debido a sus efectos secundarios, a su coste, a la toma de consciencia del cuerpo, al feminismo, e incluso a que no se considera una “píldora vegana”. Más de la mitad de las mujeres en edad fértil tiene miedo a “hormonarse” y a la posible aparición de los efectos secundarios, como aumento de peso, cambios de humor y, sobre todo, efectos circulatorios. De hecho existe un temor fundado al desarrollo de trombosis, especialmente en fumadoras con sobrepeso y mayores de 35 años.

Paralelamente, lo que ha aumentado es el uso de otros métodos anticonceptivos femeninos alternativos como el anillo vaginal o el DIU (dispositivo intrauterino). El anillo se coloca un día y se retira después de 3 semanas. En cuanto al DIU, una vez implantado puede permanecer años dentro del útero. Con estos métodos, además de facilitar el uso, se consigue evitar los olvidos. Además de que podría tener menos efectos adversos y reduciría el impacto negativo sobre el bienestar de la mujer que hace poco se ha demostrado que tiene el uso de la píldora anticonceptiva.

La píldora no es tan cómoda como ponerse un anillo o un DIU y sus alternativas evitan olvidos. Tampoco hay que descartar que sea el temor a la posible aparición de efectos adversos el que, a la larga, reduzca su uso. El tiempo nos lo dirá.

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