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El mecanismo de defensa contra el hambre puede contribuir a la obesidad

Adamed Mujer en 19 julio, 2019 - 4:00 pm en Curiosidades

Un ‘truco’ molecular que evitó que nuestros antiguos ancestros murieran de hambre podría estar contribuyendo ahora a actual la epidemia de obesidad, según una nueva investigación de la Escuela de Medicina de la Universidad de Nueva York que publica la revista científica Cell Reports.

En los tiempos de inanición, explican los investigadores, los animales tenían más probabilidades de sobrevivir si podían acumular y estirar la energía almacenada. Incluso si un animal se aseguraba un raro banquete, la evolución le favorecía al almacenar el exceso de combustible como grasa, ante la posibilidad de una rápida vuelta a la falta de alimento.

«Descubrimos un mecanismo anti-hambre que se ha convertido en una maldición en tiempos de abundancia porque considera que el estrés celular creado por comer en exceso es similar al estrés creado por la inanición, y frena nuestra capacidad de quemar grasa», advierte la autora principal del estudio, la doctora Ann Marie Schmidt, doctora de Endocrinología en la Escuela de Medicina de la Universidad de Nueva York.

El estudio revela que la función natural de una proteína llamada RAGE en la superficie de las células grasas es detener la descomposición de la grasa almacenada frente al estrés. Su existencia puede explicar el aumento exponencial del sobrepeso y la obesidad en el mundo desarrollado (y no sólo).

Un estudio de 2016 descubrió que los participantes de ‘America’s Greatest Loser’ (un reality show estadounidense de competición para perder peso) recuperaron sus kilos perdidos una vez que terminó el programa. ¿Por qué sus metabolismos se detuvieron ante la pérdida de peso, como si sus cuerpos estuvieran empeñados en volver a la obesidad?

Según los autores, la forma más eficiente para que la evolución creara un mecanismo anti-hambre era a partir de sistemas antiguos que ayudaban a los animales a usar alimentos para obtener energía celular y recuperarse de una lesión. También se conectó a estos mecanismos primarios la hormona adrenalina, que señala la conversión de la grasa en energía cuando los animales huyen de los depredadores o para generar calor en el cuerpo cuando se enfrían.

Esta convergencia, a través de las mismas proteínas de señalización, significa que RAGE puede bloquear la ‘quema’ de la grasa que se requiere cuando nos morimos de hambre, nos congelamos, nos lesionamos, entramos en pánico o, irónicamente, comemos de más.

Si eliminamos esta proteína ganaríamos menos peso

De acuerdo con el nuevo estudio y los experimentos realizados en otros lugares en tejidos humanos, RAGE se activa con los productos finales de la glicación avanzada (AGE), que se forman cuando el azúcar en la sangre se combina con proteínas o grasas, la mayoría de las veces en pacientes ancianos, diabéticos y obesos. Otras moléculas también activan RAGE, como las que se liberan cuando las células mueren y derraman su contenido en espacios intracelulares en respuesta al estrés.

Una posibilidad inquietante, dice Schmidt, es que muchas proteínas y grasas han venido a activar la ruptura de RAGE a medida que se deforman y acumulan (como oligómeros tóxicos) en personas que comen más que sus ancestros.

El estudio actual descubrió que la eliminación de RAGE de las células de grasa hizo que los ratones ganaran hasta un 75% menos de peso durante los tres meses de alimentación con alto contenido de grasa, a pesar de cantidades iguales de consumo de alimentos y actividad física, que los ratones con el RAGE en marcha.

El trasplante de tejido graso que carece de RAGE en ratones normales también disminuyó el aumento de peso al ser alimentados con una dieta alta en grasas. En ambos grupos de experimentos, la eliminación de RAGE de las células de grasa liberó los mecanismos de frenado que restringían el gasto de energía. Una vez liberado, el gasto de energía aumentó, contribuyendo a la reducción del aumento de peso corporal en ratones con la dieta grasa.

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