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El estrés durante el embarazo puede afectar el sexo del bebé

Adamed Mujer en 21 octubre, 2019 - 5:00 pm en Embarazo

Cada vez hay más datos que demuestran que el estrés materno durante el embarazo puede afectar el desarrollo fetal e infantil. Ahora, un estudio de investigadores de la Universidad de Columbia Vagelos y NewYork-Presbyterian (EE.UU.) ha identificado, además, qué tipos de estrés físico y psicológico pueden ser más determinantes. El estudio ha sido publicado en la revista «Proceedings of the National Academy of Sciences.».

«El útero es el primer hogar, tan importante como en el que se cría un niño. O incluso más», apunta la líder del estudio, Catherine Monk. Debido a que el estrés puede manifestarse en una variedad de formas, tanto como una experiencia subjetiva como en mediciones físicas y de estilo de vida, Monk y sus colegas examinaron 27 indicadores de estrés psicosocial, físico y de estilo de vida recopilados de cuestionarios, diarios y evaluaciones físicas diarias de 187 mujeres embarazadas sanas, de entre 18 a 45 años de edad.

Alrededor del 17% (32) de las mujeres estaba psicológicamente estresada, con altos niveles clínicamente significativos de depresión, ansiedad y estrés. Otro 16% (30) estaba físicamente estresada, pero con una tensión arterial diaria relativamente más alta y una mayor ingesta calórica en comparación con otras mujeres embarazadas sanas. La mayoría (67% o 125 mujeres) estaban sanas.

El estudio sugirió que las mujeres embarazadas que experimentan estrés físico y psicológico tienen menos probabilidades de finalizar con éxito su embarazo. De media, nacen alrededor de 105 niños por cada 100 nacimientos femeninos. Pero en este estudio, la proporción de sexos en los grupos con estrés físico y psicológico favoreció a las niñas, con proporciones de hombres a mujeres de 4: 9 y 2: 3, respectivamente.

«Otros investigadores han visto este patrón después de los trastornos sociales, como los ataques terroristas del 11 de septiembre en la ciudad de Nueva York, después de los cuales disminuyó el número de nacimientos masculinos–Monk-. Es probable que dicho estrés en las mujeres sea de naturaleza prolongada; los estudios han demostrado que los hombres son más vulnerables a los entornos prenatales adversos, lo que sugiere que las mujeres muy estresadas pueden tener menos probabilidades de dar a luz a un varón debido a la pérdida de embarazos masculinos anteriores, a menudo sin siquiera saber que estaban embarazada».

La investigación también vio que las madres con estrés físico, con mayor presión sanguínea e ingesta calórica, tenían más probabilidades de dar a luz prematuramente que las madres sin estrés. Entre aquellas que padecían estrés físico, los fetos habían reducido el acoplamiento de la frecuencia cardíaca y el movimiento, un indicador de un desarrollo más lento del sistema nervioso central, en comparación con las madres sin estrés. Por último, observaron que las madres con estrés psicológico tuvieron más complicaciones de parto que las madres con estrés físico.

Los investigadores también encontraron que lo que más diferenciaba a los tres grupos era la cantidad de apoyo social que una madre recibía de amigos y familiares. Por ejemplo, cuanto más apoyo social recibe una madre, mayor es la probabilidad de que tuviera un bebé varón.

Cuando el apoyo social se equilibró estadísticamente en todos los grupos, los efectos del estrés sobre el parto prematuro desaparecieron. «La detección de la depresión y la ansiedad se están convirtiendo gradualmente en una parte rutinaria de la práctica prenatal -asegura Monk-. Pero, aunque nuestro estudio fue pequeño, los resultados sugieren que mejorar el apoyo social es, potencialmente, un objetivo efectivo para la intervención clínica».

Según los investigadores, se estima que el 30% de las mujeres embarazadas reportan estrés psicosocial por tensión laboral o relacionadas con la depresión y la ansiedad. Dicho estrés se ha asociado con un mayor riesgo de parto prematuro, que está relacionado con tasas más altas de mortalidad infantil y de trastornos físicos y mentales, como el trastorno por déficit de atención con hiperactividad y ansiedad, entre los hijos.

En el estudio no se examinó cómo el estado mental de una madre podría afectar específicamente al feto. «Sabemos por estudios en animales que la exposición a altos niveles de estrés puede elevar los niveles de hormonas del estrés como el cortisol en el útero, que a su vez puede afectar al feto asegura Monk-. El estrés también puede afectar el sistema inmunitario de la madre, lo que conduce a cambios que afectan el desarrollo neurológico y conductual en el feto. Lo que queda claro de nuestro estudio es que la salud mental materna es importante, no solo para la madre sino también para su futuro hijo».

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