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La importancia del control médico previo al embarazo

Adamed Mujer en 16 enero, 2018 - 3:19 pm en Embarazo

Pocas veces un embarazo es consecuencia de una planificación y, de existir tal proyecto, no es fácil acertar el momento de su inicio, un detalle que tiene más importancia de la que de forma general se le atribuye. Lo que ocurre en la salud de la gestante en los dos o tres meses que preceden al embarazo tiene consecuencias en ese proceso y en el porvenir de su futuro hijo, aunque pocas mujeres vinculan esos dos periodos de sus vidas.

Tan importante es esa etapa, denominada preconcepcional, que el Institut Català de la Salut (ICS) autorizó hace varios años la creación de un servicio público, que ofrecen 42 centros sanitarios, centrado en analizar las circunstancias físicas, psíquicas, emocionales y laborales de las mujeres que planean tener un hijo. Esta opción asistencial, sin embargo, es tan útil como desconocida, reconocen sus promotores. «No forma parte de la cultura de la población catalana», afirma Cristina Martínez, responsable del programa de atención a la salud sexual y reproductiva en el ICS.

Estas visitas previas proporcionan una información que adquiere enorme validez una vez se inicia la gestación, y pautan qué conductas y hábitos se pueden mantener o cuáles es preciso abandonar aunque no se prevea estar embarazada antes de dos o tres meses. «El consumo de alcohol es negativo incluso en el periodo preconcepcional -asegura Martínez-. Es necesario dejar de beber meses antes del inicio del embarazo, porque el tóxico influirá en la futura organogénesis del feto». Ese corte con el alcohol evita, además, que se sigan tomando copas cuando la gestación se ha iniciado pero la mujer aún lo desconoce, un momento en que, aseguran los obstetras, el embrión es muy vulnerable al efecto de cualquier tóxico.

Algo parecido ocurre con el tabaco y la marihuana, las sustancias que con mayor frecuencia han consumido las mujeres que inician un embarazo en Catalunya. «El tabaco puede alterar la formación cromosómica del feto», añade Martínez. Un 60% de las mujeres fumadoras inician en embarazo sin haber dejado de consumir tabaco y más de un 30% mantienen el acceso al pitillo durante la gestación.

En general, considera la especialista, existe más conciencia social del perjuicio del tabaco en el feto que de las consecuencias negativas de la presencia de alcohol en la sangre de la futura madre. «No hay tanta conciencia sobre el daño del alcohol, y aún existe la idea de que por una copita no pasa nada -afirma Martínez-. Antes y durante el embarazo el consumo de bebidas alcohólicas ha de ser cero. Ninguno».

Este tóxico causa alteraciones neurológicas en el desarrollo morfológico del feto cuando la embarazada consume alcohol durante todo el proceso. Sus efectos están descritos. Forman parte del síndrome alcohólico fetal.

Las visitas con finalidad preconcepcional, gratuitas y de fácil acceso, pretenden prevenir problemas médicos que, una vez creados, son de una gravedad evidente, sintetizan quienes atienden el servicio. Con frecuencia, las mujeres que solicitan esta asistencia –menos del 20% de las embarazadas en Catalunya, según indica el ICS- sufren alguna enfermedad crónica que motiva su inquietud. Quieren conocer si una eventual gestación añadirá una complicación grave para ellas o su futuro hijo. En otros casos, se trata de una consulta totalmente previsora.

Las visitas previas al embarazo incluyen una citología susceptible de detectar un cáncer de cérvix, y análisis de sangre dirigidos a detectar infecciones que, en caso de embarazo, condicionarán la salud del niño. Toxoplasmosis, rubéola, VIH, infecciones de transmisión sexual o hepatitis B y C son algunas de estas determinaciones. «Intentamos que no descubran que sufren el virus del sida una vez han iniciado la gestación», explica la comadrona Martínez. Si existen dudas sobre alteraciones cromosómicas familiares, incluyen un test genético, ante cuyo resultado la mujer podrá tomar sus decisiones.

La experiencia de países donde esta asistencia forma parte de los hábitos de la población les permite asegurar que estas intervenciones reducen los nacimientos prematuros, o con niños de muy bajo peso al nacer, consecuencia de la dificultad de la mujer para mantener la gestación.

La alimentación de quien prevé ser madre ocupa un espacio fundamental en este servicio. «Les sugerimos que eviten el consumo de pescado con alto contenido en mercurio, como son el atún fresco, el pez espada o el emperador -explica la comadrona-. Sabemos que el mercurio puede producir alteraciones congénitas en el feto».

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