/ Embarazo / Los riesgos de los tóxicos en el embarazo, documentados en un libro

Los riesgos de los tóxicos en el embarazo, documentados en un libro

Adamed Mujer en 20 junio, 2019 - 3:06 pm en Embarazo

Muchos de los compuestos químicos pueden suponer un riesgo para el correcto desarrollo del feto, e, incluso, ser el origen de enfermedades que se manifestarán durante la edad adulta. Para ayudar a las mujeres embarazadas a prevenir estos riesgos, acaba de publicarse el libro Embarazo sin tóxicos, escrito por Carlos de Prada, responsable de la campaña Hogar sin tóxicos.

El embarazo es uno de los momentos claves de la vida, una etapa en la que el feto es muy vulnerable a las influencias del entorno y sobre todo a la exposición inadvertida a numerosas sustancias químicas nocivas. Ftalatos, bisfenol A, compuestos perfluorados, retardantes de llama, alquilfenoles, plomo, formaldehído, pesticidas o disolventes son algunas de las sustancias a las que nos exponemos a diario.

El problema es que, inadvertidamente, pueden estar presentes en objetos y productos cotidianos y aparentemente inofensivos como cosméticos o artículos de aseo, ambientadores y productos de limpieza, pinturas, barnices, ropa y tejidos, muebles, plásticos.

Embarazo sin tóxicos explica y analiza en 371 páginas cuáles son las sustancias más problemáticas y dónde pueden ocultarse, qué efectos podrían causar, qué situaciones de riesgo pueden darse y, sobre todo, qué hacer para evitarlas o minimizarlas.

Según explica De Prada, “es importante ofrecer información inmediata, útil y comprensible, sin alarmismos, a las mujeres que necesitan consejos rápidos y sencillos que les ayuden a reducir los posibles riesgos. No obstante, el libro también ofrece información más profunda a aquellas personas preocupadas por los tóxicos cotidianos.

El científico Nicolás Olea, catedrático de la Facultad de Medicina de la Universidad de Granada, subrayó en la presentación del libro la importancia de esta obra en un contexto en que predomina la desconfianza y “el fracaso en la atención a la salud de la población en lo referente al riesgo químico”. Olea es un investigador de primer nivel experto en el conocimiento de los efectos de estas sustancias en la salud y uno de los mayores expertos a nivel mundial en estos asuntos

La lectura de este libro debe servir para ayudar a entender el problema, a organizar el entorno en la casa y el trabajo, y a tomar medidas preventivas. “Nadie está libre de riesgo”.

Mujeres trabajadoras

No sólo hay que controlar los productos y sustancias que tenemos en el hogar. Las mujeres trabajadoras, por ejemplo, están expuestas a riesgos añadidos específicos que deben conocer y sopesar incluso antes de quedarse embarazadas. “No hace falta trabajar en una industria química o metalúrgica ni en una refinería. En una simple peluquería pueden emplearse productos preocupantes. A veces incluso en una aparentemente inocente oficina pueden detectarse, aunque sea a niveles bajos de concentración, algunas sustancias perjudiciales que sería conveniente reducir”, puntualiza Carlos de Prada.

Tóxicos en la placenta y el cordón umbilical

Muy frecuentemente se trata de sustancias potencialmente nocivas para la salud a las que todos estamos expuestos a diario, pero con un mayor riesgo en el periodo de gestación. La placenta es permeable al paso de muchos de estos productos tóxicos, que pueden acumularse en su interior en concentraciones mayores que en el cuerpo de la madre.

Un estudio realizado en Estados Unidos (Environmental Working Group, 2005) mostraba la presencia de 287 sustancias tóxicas en los cordones umbilicales.

Sin embargo, muchos médicos especializados que atienden a las madres durante los embarazos no tienen aún la debida información sobre este problema. Así lo indica otro estudio hecho también en Estados Unidos (PLOS One. June 25, 2014), según el cual solo 1 de cada 15 obstetras habían recibido formación sobre este tema. En España, salvo alguna honrosa excepción, ni las autoridades ni los médicos informan convenientemente a las mujeres embarazadas o con planes de estarlo, añade el autor.

El libro sostiene que el control oficial de muchas sustancias químicas es deficiente. Y recoge las quejas de la comunidad científica, que ha alertado repetidamente sobre las carencias de los sistemas oficiales de evaluación del riesgo.

Otro elemento que preocupa es que los sistemas oficiales evalúan el riesgo de que una persona se exponga solo a un contaminante aislado cada vez, “cuando una misma persona se expone, simultáneamente, a mezclas de muchas sustancias diferentes, y evidentemente no es lo mismo el efecto de una sola sustancia aislada que el de 20 o más a la vez”.

Demasiadas incertidumbres

Preocupan especialmente los compuestos químicos considerados disruptores endocrinos, aquellos con capacidad de alterar el normal funcionamiento de nuestro sistema hormonal. Lo que nos dice la ciencia es que este tipo de compuestos, de los que hasta ahora se han identificado más de 900, pueden tener efectos incluso a niveles muy bajos, sin que exista con claridad un nivel seguro, sostiene el autor.

Ante las incertidumbres existentes, debería aplicarse el denominado principio de precaución, que dice que aunque no haya certeza plena de que algo causa un efecto, si existen evidencias notables de que pudiera estar causándolo, se debe actuar de forma preventiva. “Lamentablemente, esto no se está haciendo en demasiadas ocasiones”, explica De Prada.

El investigador Nicolás Olea también quiso resaltar los vacíos regulatorios existentes “que la Administración se resiste a cumplimentar”, y se refirió concretamente a la resolución que aprobó el Parlamento europeo el pasado 15 de abril en materia de disruptores endocrinos.

En dicho documento, el Parlamento pide a la Comisión Europea que adopte urgentemente todas las medidas necesarias para garantizar un nivel elevado de protección de la salud humana y del medio ambiente frente a estas sustancias.

Según Olea, “el documento pone en evidencia la absoluta e intolerable dejadez de la Comisión para gestionar el riesgo químico, el abandono de sus obligaciones y el consumo excesivo de tiempo, más de 22 años, para aplicar unas normas que deberían ser de rutina en la evaluación de los compuestos químicos usados en el pasado, empleados en el presente o planeados para el futuro”.

Centenares de investigaciones científicas, muchas de ellas recogidas en Embarazo sin tóxicos, asocian la exposición a estos compuestos durante el embarazo con problemas como abortos espontáneos, partos prematuros, malformaciones congénitas, problemas en el desarrollo cerebral o cánceres infantiles.

En la obra se citan ejemplos concretos de sustancias, como algunos ftalatos, que están presentes en plásticos, productos de limpieza, de aseo y de cosmética, y que han sido relacionados en distintos estudios con un mayor riesgo de parto prematuro, pero también a ciertas alteraciones en el desarrollo del aparato genital de los niños varones.

Consejos y alternativas para protegerse

El autor de Embarazo sin tóxicos aclara que “no es positivo que se genere una alarma excesiva pero tampoco se puede ignorar que realmente existe un problema, como alerta la propia OMS. La buena noticia es que, aunque en la sociedad actual es muy difícil evitar todas las exposiciones, con una serie de sencillas medidas se puede conseguir reducirlas sustancialmente”.

Por ejemplo, tal y como se explica en Embarazo sin tóxicos, en el trabajo conviene que las mujeres embarazadas conozcan los derechos legales que les asisten a la hora, por ejemplo, de solicitar un cambio de puesto si aquel en el que están entraña una serie de riesgos para la gestación.

En la alimentación, es necesario ser consciente de la posible presencia de tóxicos en algunas especies de pescado, o de residuos de pesticidas en frutas y verduras.

En el lugar en que se vive, hay que estar al tanto de los contaminantes propios tanto de las zonas agrícolas como urbanas. En el hogar, sería necesario acometer algunas medidas relacionadas con los productos de limpieza convencionales de uso diario, los ambientadores sintéticos, los pesticidas domésticos, los cosméticos y productos de aseo, o el agua del grifo.

0 Comentario Opina

Envíenos un mensaje aqui

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *