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¿Qué es la pregorexia y cómo identificar a las embarazadas que lo padecen?

Adamed Mujer en 24 mayo, 2016 - 2:13 pm en Embarazo

La pregorexia es el término que han acuñado los medios de comunicación para identificar el miedo a engordar de la embarazada llevado a sus extremos. Este trastorno alimenticio, menos conocido que la bulimia, la anorexia o la vigorexia, puede producir retraso mental, parálisis cerebral del bebé y hasta muerte intrauterina pero no está tipificado como tal en el Manual de Trastornos Mentales, ni siquiera es un diagnóstico médico empleado por los especialistas, lo que no significa que no sea real. Estudios llevados a cabo en el Reino Unido calculan que un 7,6% de las mujeres embarazadas a las que se estudió tenía síntomas compatibles con trastornos de la conducta alimentaria, y el 23,4% estaba muy preocupada por su peso y su figura.

Existen una serie de pautas con las que identificar a quienes la padecen. Se trata de mujeres que no hablan del embarazo como si fuera real, cuentan obsesivamente las calorías, intentan siempre comer solas o se saltan las comidas, entrenan excesivamente, y pueden llegar a procurarse el vómito. En los tres primeros meses del embarazo, estos síntomas pueden llegar a enmascararse con los propios de la gestación: nauseas y vómitos, principalmente. Algunas mujeres presentan problemas con según qué tipo de alimentos y hasta pierden el apetito. Lo normal, añade, es que estas pacientes no reconozcan su problema y que, además, rechacen el tratamiento. Es muy raro que admitan espontáneamente que tienen un problema de conducta alimentaria.

Se recomienda a familiares y personas del entorno que estén atentos en el caso de mujeres que hayan padecido trastornos de la conducta alimentaria, como anorexia y bulimia. Ante cualquier cambio en la relación con la comida, la pareja o los familiares deberían ponerse en contacto con el ginecólogo o el médico de cabecera. Si no se detecta, las consecuencias pueden ser graves para la madre, pero devastadoras para el bebé. La madre puede desarrollar anemia, descalcificación ósea, baja producción de leche durante el postparto y caída de cabello, entre otros. Las consecuencias en el feto pueden ser muy graves. Durante el primer trimestre si la paciente no toma suplementos vitamínicos, aumenta el riesgo de alteraciones del tubo neural como la espina bífida. También aumenta la tasa de aborto espontáneo. Durante el segundo y el tercer trimestre aumenta el riesgo de parto prematuro, retraso de crecimiento intrauterino, retraso mental o parálisis cerebral, malformaciones óseas, digestivas o cardiovasculares. En casos muy graves se puede llegar a la muerte intrauterina.

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