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Cómo saber si eres propenso al cáncer de piel

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Adamed Mujer en 13 junio, 2018 - 5:23 pm en Enfermedades

Los europeos somos los más propensos al cáncer de piel por dos razones: el tipo de piel predominante -la población es mayoritariamente blanca- y el perfil de exposición al sol, es decir, el hábito de exponerse de forma intensa durante un periodo de tiempo corto durante el verano, tan extendido en nuestro continente.

No ayudan ni nuestra genética ni nuestro estilo de vida, por lo que, a la espera de que modifiquemos el segundo, los científicos llevan años investigando los factores genéticos que nos hacen más propensos a padecer cáncer de piel. Y gracias a una reciente investigación del King’s College de Londres, ahora sabemos un poco más.

Tras analizar las variaciones genéticas en 176.678 individuos de descendencia europea, los autores del estudio lograron identificar diez regiones genéticas, denominadas loci, que ofrecen información sobre los individuos más propensos a padecer cáncer de piel, al aportar información sobre la tendencia de cada tipo de piel a quemarse o broncearse durante la exposición solar.

Al examinar una de esas regiones en detalle -la AGR3/AHR- que está relacionada con el melanoma, uno de los cánceres de piel más comunes, observaron que sus variaciones genéticas pueden aumentar el riesgo de desarrollar un cáncer de piel cuando desciende la capacidad de bronceado.

La investigación es el estudio genético más completo efectuado hasta ahora sobre la tendencia de la piel a quemarse o broncearse y, con ella, los científicos han logrado doblar el número de regiones genéticas que se sabe que están implicadas en este proceso.

Tal y como explica Eduardo Nagore, miembro de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV), entre los europeos hay mayor facilidad para que la piel reciba un daño importante sin tener casi tiempo de preparar sus mecanismos defensivos naturales (el bronceado y el engrosamiento de la piel), lo que es especialmente preocupante cuando se producen quemaduras (la piel se pone roja) y especialmente si aparecen ampollas: las quemaduras se traducen en un daño muy importante en nuestras células de la piel.

El especialista añade que “todavía hay un sector importante de población con profesiones y actividades de ocio expuestas de forma habitual al sol, lo que hace que reciban de forma continuada un daño por la exposición a la radiación ultravioleta del sol, que produce un efecto acumulativo, cuyo desenlace es el desarrollo de algunos tipos de cáncer de piel”.

Si a ello sumamos el hecho de que el culto al bronceado se ha ya traducido en el uso de cabinas de bronceado, cuyo uso tiene un efecto cancerígeno demostrado, como atestigua la OMS al clasificarlas con el mismo nivel de riesgo que el tabaco pero para el cáncer de piel, las estadísticas cobran más sentido si cabe.

Dos de las características de las personas que las hacen más susceptibles de desarrollar un melanoma son la pigmentación clara y el número de lunares, y ambas están determinadas mayoritariamente por los genes heredados de los padres. Además, hay otros genes que no se traducen en unas características visibles de la persona pero que también favorecen el desarrollo de un cáncer, como señala Eduardo Nagore.

El experto considera que, gracias a los avances tecnológicos y el abaratamiento de los mismos, cada vez tenemos más cerca la posibilidad de identificar de forma más precisa a aquellas personas que tienen más riesgo: “El uso de una ‘firma genética’ que permita conocer personas de más riesgo es de gran interés por cuanto no se basa en elementos subjetivos, a veces difíciles de precisar (como el número y tipo de quemaduras que hemos tenido a lo largo de nuestra vida), sino en unas pruebas con un margen mínimo de error”. Esto facilita el acceso de personas de mayor riesgo a programas de detección precoz que permitan identificar tumores en sus fases más iniciales, generalmente curables.

Eduardo Nagore informa de que en que las medidas para aquellos que tienen predisposición genética son las mismas que para cualquier persona, aunque quizás el hecho de saber que se tiene más riesgo debería dar lugar a una mayor adherencia a las recomendaciones, que son dos:

1. Control sobre la cantidad y la forma con la que se toma el sol: evitar las horas de sol más intenso, usar ropa y otras prendas de vestir que cubran la mayor cantidad de piel posible para la actividad que se realiza, así como el uso de fotoprotectores de nivel de protección alto (50+), tal y como se indica en las diferentes campañas y se explica en detalle en la página de la Fundación Piel Sana de la Academia Española de Dermatología y Venereología.

2. Revisión de la piel: una vez al mes debemos observar si hay cambios en lunares previos o han aparecido nuevas manchas o bultos, que se modifican en unas semanas o meses y que requerirán de una exploración por un dermatólogo. Para ayudar a este procedimiento, nos podemos ayudar de fotografías o de aplicaciones de móvil diseñadas específicamente para esta finalidad, como la app que ha presentado recientemente la Academia: eDerma, que permite la organización de las imágenes para un correcto seguimiento de nuestras manchas de la piel.

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