/ Enfermedades / Diez pistas para saber si padecemos diabetes

Diez pistas para saber si padecemos diabetes

Adamed Mujer en 23 octubre, 2018 - 12:38 pm en Enfermedades

Desde que en la década de los años setenta del siglo pasado la industria azucarera comenzó a infiltrarse en todo tipo de productos alimentarios, imponiendo el adictivo poder de la glucosa tanto en refrescos como en bollos, pasteles, chocolates e incluso embutidos, una nueva epidemia se ha alzado silenciosamente hasta convertirse en un clamor: la diabetes de tipo 2, adquirida y no congénita.

La OMS calcula que actualmente una de cada 11 personas en el mundo ya son diabéticas de esta modalidad, a la vez que millón y medio mueren en el mundo cada año por sus efectos devastadores y se calcula que en el futuro, si no se le pone remedio, puede llegar a ser una rémora definitiva para la economía mundial por su coste sanitario.

¿Cómo funciona la diabetes?
La relación entre el consumo de azúcares añadidos y la diabetes es cada vez más conocida por el gran público, que ha aprendido que un exceso de azúcar fuerza al páncreas a fabricar más insulina de la normal, la hormona que captura todo el azúcar y lo conduce a las células del cuerpo para alimentarlas. Pero cuando éstas reciben exceso de glucosa durante un periodo prolongado, tienden a resistirse a aceptarla; se vuelven “sordas” al reclamo de la insulina y se niegan a alimentarse.

En consecuencia, el páncreas debe fabricar todavía más insulina para lograr que una porción significativa de las células acepte parte de ese azúcar para crear energía que les permita vivir. Como las personas nos hacemos adictas al azúcar añadido, consumimos cada vez más, muchas veces oculto en productos inverosímiles. Por tanto, este círculo de “sordera celular” -se llama “resistencia a la insulina”- que se compensa con mayores niveles de insulina, se acelera y a su vez aumenta la sordera de las células.

Es un círculo vicioso que termina cuando el páncreas “se rompe” y deja de ser funcional para fabricar insulina. Nuestro cuerpo ya no es capaz de fabricar suficiente insulina y la disfunción hace que nuestros niveles de glucosa en sangre se disparen a la vez que no llegue suficiente alimento a las células, especialmente a las más alejadas de la zona del hígado, que es centro productor de la glucosa libre. Aparece entonces la diabetes de tipo 2.

¿Cuáles son sus consecuencias?
La buena noticia es que la diabetes de tipo 2 puede ser  reversible si se identifica en los primeros años; a diferencia de las de tipo 1, que son tipos de enfermedad autoinmunes o idiopáticas y que impiden la fabricación de insulina por parte de las células del páncreas. La mala, que para revertirla hay que superar la adicción al azúcar, que está socialmente aceptada como normal pero cuyos efectos a largo plazo pueden ser tan devastadores como el de las peores drogas.

Si no dejamos, o moderamos mucho, los refrescos, la bollería, la pastelería, las harinas refinadas, los productos y conservas procesadas, las mermeladas, la miel, y un largo etcétera de alimentos, tenemos muchos números para terminar en la diabetes de tipo 2, que nos llevará, entre otros problemas a:

  • ceguera,
  • necrosis de extremidades que termina en amputaciones,
  • infecciones renales recurrentes con alto riesgo de muerte,
  • depresión del sistema inmunológico,
  • depresiones psicológicas,
  • muerte por múltiples causas, entre otras insuficiencia cardíaca o, según algunos estudios, cáncer de hígado o páncreas.

Dado el cuadro clínico de la diabetes, tal vez sí sea buena idea plantearnos averiguar si padecemos dicha enfermedad o qué riesgo tenemos de padecerla en el futuro. Un buen índice es estudiar los alimentos y bebidas que componen nuestra dieta y observar si hay una presencia excesiva de azúcares añadidos; para ello deberemos reflexionar si consumimos alguno de los alimentos antes descritos.

Sin embargo, no siempre es fácil reconocer la presencia de glucosa en los productos, que puede estar oculta de muchas maneras, o bien nos cuesta aceptar que somos adictos a ella. Por lo tanto, no está de más atender a los siguientes diez síntomas para tener más pistas sobre nuestro riesgo potencial; de todos modos, por sí solos no pueden ser determinantes, pero deben valernos para decidirnos a acudir a un médico que nos realice los preceptivos análisis y pruebas. Revertir la diabetes es una cuestión de tiempo.

1. Vamos todo el rato al baño. Una frecuencia de micción excesiva indica un mal funcionamiento del sistema renal que puede estar provocado por altos niveles de glucosa en sangre, que inhiben la secreción de la hormona antidiurética llamada vasopresina.

2. Sed constante. Del mismo modo, la excesiva diuresis que retira constantemente agua de nuestro sistema para mandarla al tracto urinario, nos provoca una sensación de deshidratación continua que, al tiempo, acelera la diuresis.

3. Debilidad y cansancio. Como resultado de estos procesos de deshidratación y de la dificultad para hacer llegar a las células la suficiente energía oxidativa, nos sentimos cansados, con poca energía, porque realmente estamos desnutridos.

4. Sensación de hambre inusual. La señal que envía el cuerpo es de que no está bien alimentado, aunque estemos comiendo hidratos de carbono todo el rato; el motivo es evolutivo -como cazadores recolectores estamos adaptados a comer el máximo de azúcar cuando lo encontramos- pero también disfuncional, porque las células realmente pasan hambre al no haber insulina que les haga llegar la glucosa.

5. Sensación de malestar estomacal y náusea. Podemos sentir la clásica náusea de tener el estómago vacío y los retortijones.

6. Pérdida de peso. En un primer momento, a pesar de comer bastante, en apariencia, podemos perder peso porque nuestra masa muscular desciende debido a que no le llega la energía en forma de azúcar.

7. Vista nublada. La inexistencia de insulina que lleve el azúcar afecta especialmente a las distintas células oculares, que comienzan a perder su eficacia. Al final muchos diabéticos terminan ciegos.

8. Cortes y rasguños que cicatrizan mal. Como consecuencia de la incapacidad de llegar su alimento a las células, las de las extremidades suelen morir y crear necrosis de tejidos que terminan en amputaciones. Pero antes muestran una insuficiente capacidad de cicatrización de las heridas.

9. Entumecimiento de manos y pies. Como el sistema circulatorio, en general, se resiente, es normal que en las zonas más periféricas hayas síntomas de una mala circulación.

10. Infecciones recurrentes de orina, piel o encías. Del mismo modo, el sistema inmunitario tampoco es funcional y no puede prevenir infecciones en las zonas más superficiales del cuerpo, así como en el sistema renal, que se ve muy forzado por la excesiva diuresis.

No se trata de saber cuántas de estas premisas cumples para decidir que eres diabética o diabético, pero si crees que encajas en el perfil y además, analizando tu dieta, intuyes que hay presencia de abundantes azúcares libres e hidratos de carbono, no dudes en consultar a un médico y ponerte en manos de un nutricionista.

0 Comentario Opina

Envíenos un mensaje aqui

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *