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Los problemas cardiovasculares, las víctimas ocultas del cáncer

Adamed Mujer en 30 enero, 2020 - 11:20 am en Enfermedades

El tratamiento oncológico multiplica por tres el riesgo de complicaciones cardiovasculares, a la vez que representa la causa más frecuente de muerte entre las mujeres que sobreviven a un cáncer de mama o a un linfoma, según alerta la Fundación Española del Corazón (FEC). Así, un efecto secundario importante, y en ocasiones “menospreciado”, de algunos tratamientos oncológicos son los problemas del corazón, según afirma el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos.

“Hasta un 50% de quienes sobreviven a un cáncer tienen secuelas clínicas, siendo los trastornos cardiovasculares una de ellas. Sin embargo, un control adecuado puede reducir los riesgos”, advierte por su parte la FEC.

En este contexto, el doctor Arturo Evangelista, cardiólogo y uno de los coordinadores de la Unidad de Cardio-Oncología del Centro Médico Teknon de Barcelona, remarca que, aunque todos los pacientes que han recibido un tratamiento oncológico pueden sufrir trastornos cardiovasculares, los que más riesgo tienen son los que presentan otros factores de riesgo cardiovascular como la hipertensión, la diabetes, obesidad, tabaquismo, o hipercolesterolemia, por ejemplo.

“Por eso, los médicos aconsejan diagnosticar y tratar precozmente a estos pacientes, e implicarles en el cuidado de los factores de riesgo cardiovascular, inculcándoles un estilo de vida cardiosaludable. Está demostrado, que una vida cardiosaludable puede reducir los efectos secundarios sobre el corazón de los tratamientos oncológicos”, como destaca la Fundación Española del Corazón.

Cómo afirma el Instituto Nacional del Cáncer norteamericano, determinados tratamientos del cáncer pueden dañar el corazón y el aparato circulatorio. Estos efectos secundarios o ‘cardiotoxicidades’, como las alteraciones del ritmo cardíaco (arritmias), la insuficiencia cardíaca, o la isquemia miocárdica, pueden ser causados o exacerbados por la quimioterapia, la radioterapia, y por las nuevas modalidades de tratamiento, como las terapias dirigidas o la inmunoterapia.

La aparición de cardiotoxicidad durante la administración del tratamiento oncológico puede implicar, en algunos casos, la necesidad de modificarlo o incluso detenerlo, con el riesgo que esto conlleva en cuanto a la efectividad del mismo. Por otra parte, algunos efectos secundarios cardíacos no aparecen durante la administración del tratamiento, pudiéndolo hacer años después de haberlo finalizado según alerta el National Cancer Institute.

Según el doctor Javier Limeres, cardiólogo de la Unidad de Cardio-Oncología de Centro Médico Teknon de Barcelona, la administración de radioterapia torácica puede producir daño a nivel del miocardio, pericardio, arterias coronarias, y del tejido valvular, lo que deriva en miocardiopatías, insuficiencias valvulares, enfermedad coronaria precoz, o insuficiencia cardíaca”, puntualiza la FEC.

En cuanto a la quimioterapia, la administración de antraciclinas, uno de los fármacos más utilizados en el tratamiento de tumores como el de mama, puede producir daño directo sobre las células del miocardio, causando disfunción ventricular.

España necesita unidades de cardio-oncología

Por ello, y dado que se trata de un efecto secundario infravalorado, la Fundación Española del Corazón recuerda la necesidad de crear unidades de cardio-oncología con el objetivo de facilitar un diagnóstico precoz, tratamiento eficaz, y seguimiento de estos pacientes.

Según apunta el Instituto Nacional del Cáncer Norteamericano, la creación de unidades de cardio-oncología es fundamental para identificar e investigar los efectos secundarios cardíacos asociados a los tratamientos del cáncer. Es imprescindible desarrollar programas de investigación que permitan identificar los mecanismos responsables de estos efectos adversos, minimizar su impacto en la administración del tratamiento oncológico, y facilitar el cumplimiento del mismo, que, sin duda, sigue siendo el principal objetivo en estos pacientes.

La unión de oncólogos y cardiólogos debe facilitar la consecución de estos objetivos basándose en un trabajo multidisciplinar y soportados por la mayor evidencia científica posible, con la única finalidad de mejorar la salud de los pacientes oncológicos: vivir más y mejor.

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