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Realizan ensayos con antidiabéticos contra el síndrome de ovario poliquístico

Adamed Mujer en 18 abril, 2017 - 10:48 am en Enfermedades

El grupo de investigación en endocrinología metabólica del hospital infantil de Sant Joan de Déu ensaya con éxito un tratamiento antidiabético aplicado a una dolencia considerada durante muchos años meramente ginecológica, el ovario poliquístico. Lo padece entre el 5% y el 7% de las mujeres y las clínicas de reproducción asistida dan fe de que ese diagnóstico se repite en el 80% de sus pacientes. Pero desde los años noventa, cada poco tiempo han aparecido estudios que vinculan el ovario poliquístico con una alteración metabólica a la que acompaña más grasa acumulada en el hígado y en la cintura, más resistencia a la insulina, más alteraciones de colesterol y por lo tanto más obesidad, más diabetes y más problemas cardiacos.

¿Todo por un problema en el ovario? “Acabamos viendo que eso era la consecuencia, no el origen, y que la resistencia a la insulina favorecía que ese ovario sintetizara más hormonas masculinas y provocara ese desequilibrio que conocemos como ovario poliquístico: además de los quistes, no hay regla, no hay una ovulación normal y aparece vello en el cuerpo de las chicas en zonas de vello masculino”, describe la endocrinóloga de Sant Joan de Déu, Lourdes Ibáñez, líder del grupo de investigación.

Las adolescentes suelen descubrir que tienen un ovario poliquístico porque les aparece ese pelo que no toca en la barbilla y el pecho. También acné. Además, las reglas van mal o desaparecen. Y cuando les diagnostican, el tratamiento habitual es tomar anticonceptivos orales: así el vello desaparece mientras lo toman y tienen reglas normales. “Pero no ovulan, lo que tiene secuelas en el futuro, y cuando dejan de tomar los anticonceptivos, vuelve el problema a la casilla de partida. Además, no parece muy adecuado que adolescentes que no tienen ningún interés en la anticoncepción estén tomando esa medicación que no soluciona el problema, sólo lo pospone”, reflexiona la endocrinóloga. “Lo que nos hemos planteado es un cambio de paradigma”, explica Ibáñez. Hace  20 años que se publicó el primer artículo de investigación que mostraba cómo las mujeres obesas que estaban tomando medicación antidiabética y tenían ovario poliquístico lograban bajar sus niveles de testosterona y les venía la regla. Al cabo de un tiempo se comprobó que además empezaban a ovular, lo que mejoraba su fertilidad.

Así que en Sant Joan de Déu iniciaron los ensayos para tratar el problema desde su aparición en la adolescencia. “En el 2000 iniciamos la investigación con la metformina, un medicamento clásico antidiabetes, y empezamos a ver resultados. Pero no mejoraba el hirsutismo, el exceso de vello, así que añadimos un antiandrogénico y fuimos probando. Fueron sucesivos ensayos con becas públicas, becas FIS. Y así hemos ido avanzando hasta esta última combinación que acabamos de presentar en el congreso anual de endocrinología en Orlando, en Estados Unidos: metformina, pioglitazona y espironolactona. Todos en dosis muy bajas”.

Compararon esta medicación y el clásico anticonceptivo oral en un grupo de 36 adolescentes (18 y 18) con ovario poliquístico. Y les hicieron el seguimiento de sus reglas, las ovulaciones, la presencia de testosterona y la grasa del hígado durante tres años. Las chicas tomaron ambos tratamientos un año y les midieron las consecuencias durante el año siguiente. El combinado metabólico reduce la grasa del hígado, que con el anticonceptivo sube. Desciende la testosterona (la causa del vello), lo que también consigue el anticonceptivo, pero sólo hasta que se interrumpe; entonces vuelve a subir. Y hay seis veces más chicas ovulando que con el anticonceptivo, lo que hace suponer menos problemas de infertilidad. “Las que habían perdido más grasa hepática eran las que más ovulaban”, especifica Lourdes Ibáñez.

El nuevo paradigma mantiene abiertas muchas preguntas. “Ahora continuamos el ensayo en la siguiente fase, con un número mucho mayor de pacientes. Y hemos empezado también a mirar qué ocurre cuando intervienen otros elementos, como un DIU. Y si hay cambios en la actuación de los genes tras el tratamiento. Tampoco sabemos si será necesario un tratamiento intermitente…”, enumera la investigadora.

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