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Tener dolor durante el coito o incontinencia urinaria no debe ser considerado normal tras un embarazo

Adamed Mujer en 27 octubre, 2020 - 11:49 am en Enfermedades

Aceptar la incontinencia o el coito doloroso como consecuencia normal de un embarazo “no es razonable” aunque lo asuman la mayoría de las mujeres después de un parto, sobre todo con la llegada de la menopausia, explica la responsable de la Unidad de Suelo Pélvico del Hospital La Salud de València, M. Cruz Lavara.  Y es que la patología del suelo pélvico también se puede deber a una predisposición genética, como las enfermedades que afectan al colágeno o a la obesidad. Fundamentalmente hay que tener en cuenta el envejecimiento de los tejidos, la menopausia y la bajada de estrógenos.

La especialista recuerda que no hay que olvidar que el suelo pélvico puede ser maltratado por una mala gestión de las presiones abdominales, tanto en la vida diaria como durante las actividades físicas y deportivas, y sobre todo aconseja evitar actividades hiperpresivas. En general, el mal funcionamiento del suelo pélvico es consecuencia de múltiples factores que se deben identificar y tratar para minimizar el efecto negativo que puedan producir.

“El conjunto de músculos que forman el suelo pélvico juegan un papel fundamental en la vida de la mujer. Son un actor principal en la estática pélvica, en la continencia y en la sexualidad, y su buen funcionamiento conlleva un aumento de la autoestima. Debemos volver nuestra mirada hacia esta zona y no renunciar a conseguir un buen estado de la misma”, defiende la doctora en un comunicado.

El dolor resulta “altamente invalidante y asocia mucha ansiedad”, ya que la mayoría de pacientes llevan un peregrinaje de años por varios especialistas. “Necesitan fuerza para seguir a delante en búsqueda de un diagnóstico preciso, fuerza para recuperar su autoestima y fuerza para recuperar su vida laboral y personal. El desgaste es grande; cuando llegan a consulta lo primero que hacemos es darles energía e ilusión para que confíen en el nuevo tratamiento que empiezan”, expone la experta.

Generalmente, el dolor tiene un origen difícil de determinar. Puede ser urológico (vejiga dolorosa), ginecológico-sexual (atrofia vaginal, vulvodinia, dispareunia, síndrome premenstrual, dolor de la ovulación, dismenorrea, endometriosis o enfermedad pélvica inflamatoria), digestivo- coloproctológico (posquirúrgico, alteraciones gastrointestinales, intolerancias), neurológico (patología del nervio pudendo) o trastorno músculo-esquelético dentro de un síndrome miofascial.

En la mayoría de los casos se mezclan varios factores que se suelen asociar a los dolores, alteraciones menstruales como sangrados abundantes o ausencia de menstruación. Aunque el tratamiento suele ser multidisciplinar, la rehabilitación es una herramienta básica para tratar esta patología y “cuanto más precoz se realice mejor para evitar la cronicidad del dolor”. Al apoyo farmacológico es recomendable añadir un tratamiento manual de la zona pélvica, reequilibrando alteraciones estructurales de base y relajando toda la musculatura del suelo pélvico con técnicas manuales que mejoran tanto el dolor miofascial como el neuropático.

Paralelamente se pueden aplicar corrientes analgésicas, punción seca o infiltración de punto gatillo, junto a la aplicación de tecarterapia. La también conocida como diatermia usa corrientes eléctricas con fines preventivos o curativos elevando la temperatura en partes específicas del cuerpo y produce un efecto de regeneración celular que consigue reactivar el metabolismo, favoreciendo y acelerando la recuperación natural del organismo. Para el tratamiento de la incontinencia urinaria y prolapsos hay otras herramientas como los ejercicios del suelo pélvico dentro de un contexto de propiocepción corporal y reeducación postural, el ‘biofeedback’, la electroestimulación, las esferas y conos vaginales, la gimnasia abdominal hipopresiva, la terapia conductual y el tratamiento farmacológico.

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