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Una de cada diez mujeres entre los 40 y 50 años sufre hipotiroidismo

Adamed Mujer en 29 enero, 2019 - 2:46 pm en Hormonas

El día a día de las madres trabajadoras puede convertirse en un “sprint” de 24 horas. La casa, el trabajo, los niños… y un país en el que la conciliación laboral se resiste en llegar, parecen sentenciar la rutina de las españolas en sus cuarenta: van a acabar el día exhaustas. El hipotiroidismo es la disminución de la función de la glándula tiroidea, que ocurre cuando no es capaz de liberar a la sangre suficiente cantidad de hormonas tiroideas. Cerca del 10% de las mujeres entre los 40 y los 50 años lo sufre.

Esta realidad social aboca a muchas mujeres a la aceptación de que sentirse con regularidad “bajo mínimos” es normal, dada la carga de tareas que suelen soportar, y que nada se puede hacer para evitarlo. Y así, la resignación acaba por enmascarar ciertas causas que explican el cansancio, la apatía, la debilidad muscular, la somnolencia y otros muchos síntomas que, sin duda, menoscaban la calidad de vida. Ante estos síntomas hay que descartar la disminución de la actividad de la glándula tiroidea, problema que se conoce como hipotiroidismo y que afecta de manera especial a las mujeres. “Es de cinco a ocho veces más frecuente en mujeres que en hombres, y los períodos más vulnerables ocurren tras el parto o la menopausia”, explica el Dr. Jorge Sales, endocrinólogo del Hospital Nisa 9 de Octubre de Valencia.

Tiroiditis crónica autoinmune

El tipo más frecuente de hipotiroidismo es el primario, es decir, el ocasionado por una enfermedad de la glándula tiroidea. Dentro del grupo de hipotiroidismo primario, la causa más frecuente es la tiroiditis crónica autoinmune, que consiste en la lenta destrucción de la glándula por las células de del sistema inmunitario. Otras causas son la tiroidectomía -o extirpación de la glándula como tratamiento de otra enfermedad -, el tratamiento con radioyodo -que se administra en ciertos tipos de cáncer de tiroides-, el uso de otros fármacos -como la amiodarona, litio, interferón, etc.- y la deficiencia de yodo alimentario. Mucho menos frecuentes son los hipotiroidismos secundarios o terciarios, ocasionados por una enfermedad hipofisaria o hipotalámica.

La TSH es una hormona secretada en la hipófisis que regula la producción de las hormonas tiroideas T4 y T3. Estas hormonas tienen como misión fundamental regular las reacciones metabólicas del organismo. Cuando el hipotiroidismo produce una disminución de hormonas tiroideas, la secreción de TSH aumenta, forzando a la glándula tiroidea para alcanzar un nivel normal de hormonas tiroideas.

Cansancio, piel seca, intolerancia al frío, somnolencia, lentitud de reacción y pensamiento, voz grave, edema facial, pulso lento, hipertensión, anemia, aumento de colesterol, estreñimiento, alteraciones menstruales, debilidad muscular y cierta ganancia de peso son los síntomas más frecuentes.

A propósito de la ganancia de peso, y si bien es cierto que el hipotiroidismo se caracteriza por una disminución global de la actividad orgánica que afecta, entre otras funciones, a la metabólica, “por desgracia, se sigue simplificando la patología tiroidea, asociando hipotiroidismo a ganancia de peso e hipertiroidismo a lo contrario. En el hipotiroidismo se produce una disminución del consumo energético y se acumulan glucosaminglicanos en los tejidos, que hacen que el sujeto pueda ganar unos kilos, pero nunca inducir por si solo una obesidad. Una vez recibe el tratamiento adecuado, esta tendencia debe de desaparecer, y una persona hipotiroidea no equivale a una persona obesa, ni está condenado a ser obeso”, aclara el especialista del Hospital Vithas Nisa 9 de Octubre.

Tratamiento sustitutivo

Si el hipotiroidismo es definitivo y no transitorio, requiere tratamiento para toda la vida. Se trata de administrar la hormona tiroidea que el organismo es incapaz de generar por sus propios medios. “No hay ningún tratamiento natural que sea eficaz, y aunque se trata de una medicina -la tiroxina- hay que recordar al paciente, que se le administra la sustancia que produce el tiroides, es decir, se trata de un “tratamiento sustitutivo”.

La tiroxina se administra en dosis individualizadas para cada paciente, según sus características antropométricas, enfermedades asociadas, grado de hipofunción tiroidea, edad y estado evolutivo. Se administra una vez al día vía oral con agua y requiere ajuste periódico según los niveles obtenidos.

Los especialistas recalcan que las personas con hipotiroidismo no necesitan atender a estilos de vida diferentes, ya que “un sujeto hipotiroideo bien tratado se puede considerar una persona sana”.

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