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Verano, una época crítica para las infecciones vaginales

Adamed Mujer en 12 julio, 2019 - 2:12 pm en Infecciones

Durante el verano proliferan las temidas vulvovaginitis, es decir, las infecciones vaginales.

Las cándidas son las responsables de la mayoría de infecciones vaginales. Se trata de un hongo que forma parte de la flora normal del cuerpo, pero que si hay alteraciones, concretamente en la flora vaginal (colonizada por lactobacilus) puede proliferar de forma desmesurada produciendo una vulvovaginitis.

La vulvovaginitis, pues, puede ser provocada por todo aquello que altere la flora de la zona íntima: la toma de antibióticos, el estrés o el exceso de humedad (factor muy común en verano debido al sudor o a pasar excesivo rato con el bañador mojado). La infección por cándidas provoca sensación de picor, ardor y flujo vaginal blanco y brumoso. A veces el origen es otro hongo, la gardnerella, en cuyo caso el síntoma principal es un desagradable olor del flujo vaginal.

Cómo evitar la vulvovaginitis
Deben tomarse varias medidas para prevenir la vulvovaginitis:

  • Mantener la zona seca. Evitar llevar el bañador mojado largo rato.
  • El contagio en piscinas y también en la arena de las playas es de lo más habitual en la época estival. Conviene no sentarse directamente en la arena o en el borde de la piscina.
  • Optar por prendas de algodón. Las fibras sintéticas favorecen la sudoración, y ésta, la proliferación de gérmenes. Se recomienda no usar suavizante de ropa al lavar, ya que puede causar una irritación que de pie a la infección.
  • Controlar la incontinencia. Las pérdidas de orina favorecen un ambiente húmedo donde es fácil que habiten los gérmenes. Si se combaten, se alejarán las infecciones.

Proteger la flora vaginal
Cuanto más “sana”, mayor será la barrera frente a infecciones. Una medida básica es escoger un jabón íntimo de un pH similar al de la vagina. Este va cambiando en cada etapa de la vida de la mujer: en la etapa reproductiva el pH vaginal es de 4,5, en el embarazo es más ácido, alrededor de 4, y en la menopausia vuelve a subir, llegando a 5,5 o 6.

Además, los ginecólogos cada vez más aconsejan los probióticos vaginales para acompañar los tratamientos clásicos a base de antimicóticos o antifúngicos (curan la infección). Los probióticos vaginales regeneran la flora vaginal y ayudan a prevenir las candidiasis, sobre todo tras la toma de antibióticos o para evitar que reaparezcan.

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