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El ejercicio y las intervenciones psicológicas tras la menopausia ayudan en la pérdida de peso y la reducción de los síntomas vasomotores

Adamed Mujer en 28 febrero, 2017 - 9:51 am en Menopausia

Un programa que combina el ejercicio cardiovascular con intervenciones psicológicas mejoró la calidad de vida y el bienestar mental de mujeres posmenopáusicas, incluso si habían tenido conductas sedentarias, según los resultados de un nuevo estudio. A pesar de que cada vez hay más evidencia que sugiere que un estilo de vida activo mejora la salud, la calidad de vida relacionada con la salud, y el estado físico de mujeres posmenopáusicas, los beneficios no siempre han sido estadísticamente significativos, e incluso en algunas ocasiones arrojan resultados contradictorios. La Dra. Débora Godoy-Izquierdo, del departamento de personalidad, evaluación y tratamiento psicológico de la Universidad de Granada, en España, y sus colaboradores, demostraron que un programa diseñado para promover la adherencia y práctica de ejercicio cardiovascular, conduce a mejoras significativas de la capacidad cardiaca y metabólica, así como de la salud mental, incluyendo la pérdida de peso y una reducción de los síntomas vasomotores de la menopausia (sofocos).

“El programa supervisado, de múltiples componentes, que incluyó ejercicio cardiovascular, educación sanitaria y promoción de la salud, mejoró la calidad de vida relacionada con la salud de las mujeres posmenopáusicas en términos de bienestar general. Además, realizar actividades físicas de manera regular ofreció beneficios a las capacidades cardiaca, metabólica y del estado físico, con importante mejora de la flexibilidad“, aseguran los autores del estudio. La investigación se publicó en versión electrónica en Menopause del 15 de febrero. La Dra. JoAnn Pinkerton, directora ejecutiva de la North American Menopause Society, sociedad que publica la revista Menopause, observó que “la evidencia indica que adoptar un estilo de vida que incluye ejercicio cardiovascular de manera regular mejora la salud, la calidad de vida y el estado físico de las mujeres posmenopáusicas”. Los resultados reportaron menos síntomas vasomotores de la menopausia y mejora del estado de ánimo, así como bienestar general en las mujeres, a la vez que sus riesgos de salud disminuían.

Los investigadores reclutaron a 234 mujeres posmenopáusicas en España, con un rango de edad de 45 a 64 años, quienes presentaron la menopausia al menos 12 meses antes, y que no habían utilizado terapia hormonal en los últimos 3 meses. Entre las participantes, 166 mujeres habían sido sedentarias al menos los últimos 12 meses. Éstas fueron divididas de manera aleatoria en un grupo de intervención y un grupo control sedentario.  Las 68 mujeres restantes se ejercitaban regularmente y fueron asignadas a un grupo control activo. La intervención consistió de tres sesiones supervisadas de ejercicio de una hora por semana, que fueron implementadas en días alternos durante 20 semanas, en promedio. Las sesiones incluyeron ejercicio cardiovascular aeróbico y entrenamiento de resistencia muscular, complementadas con una intervención psicológica para facilitar el cambio del comportamiento, aunadas a intervenciones de autocontrol para promover la adherencia al programa.

La escala “Cervantes” se utilizó para medir la calidad de vida relacionada con la salud, centrándose en cuatro categorías: menopausia y salud (incluyendo las subcategorías de síntomas vasomotores, estado general de salud, envejecimiento y salud), bienestar mental, sexualidad, y relaciones íntimas. La batería EUROFIT, una serie de pruebas para la valoración de la condición física, se utilizó para determinar los niveles del estado físico, incluyendo altura, peso, circunferencias de cintura y cadera, presión arterial, función cardiaca, fuerza y flexibilidad. Entre la valoración inicial y la evaluación después del programa, las mujeres del grupo de intervención experimentaron mejora significativa en los puntajes de la calidad de vida relacionada con la salud, con una reducción promedio de la discapacidad, de 16% (p < 0,001), que se mantuvo en los seguimientos a los 3 y 12 meses.

Las mejoras del grupo con la intervención se observaron principalmente en los ámbitos de la menopausia, la salud y el bienestar mental, así como en las subcategorías de síntomas vasomotores, estado físico en general, envejecimiento y salud. Al inicio del estudio, los parámetros cardiacos, metabólicos y de condición física fueron comparables entre el grupo de intervención y el grupo control sedentario, ambos grupos con menor aptitud física que las mujeres del grupo control activo. Durante el seguimiento, las mujeres en el grupo de intervención experimentaron mejoras significativas en los estados cardiaco, metabólico y de la condición física, incluyendo pérdida de peso, disminución del índice de masa corporal, y aumento tanto de la capacidad cardiorrespiratoria como de la flexibilidad, de tal manera que se acercaron más al grupo control activo a los 12 meses de seguimiento.

“Con sólo 20 semanas de ejercicio regular adaptado y supervisado, es posible lograr una reducción modesta, pero significativa, del peso y el índice de masa corporal en mujeres posmenopáusicas; estos cambios están relacionados con un mejor estado de salud y una reducción de la deficiencia de la calidad de vida relacionada con la salud, que comúnmente se observa en pacientes posmenopáusicas con sobrepeso y obesidad.”, señalan los investigadores, añadiendo que “los hallazgos indican que el ejercicio ayuda a las mujeres a manejar los síntomas vasomotores, algo que no había sido demostrado de manera concluyente”.

Estudios previos fueron obstaculizados por las altas tasas de abandono. “En este estudio, las altas tasas de adherencia al régimen de ejercicio pueden deberse, en parte, a la intervención intensiva ofrecida a las participantes, con el objetivo de mejorar el cumplimiento y prevenir el abandono del estudio“, expresaron los investigadores. Asimismo, los autores concluyeron que: “Los resultados demuestran que una intervención paralela bien diseñada, adaptada individualmente, ayuda a las pacientes a adoptar más fácilmente un hábito de ejercicio. También sirve para evitar un estilo de vida sedentario y el abandono del ejercicio que se observa con frecuencia entre las mujeres posmenopáusicas”.

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