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Discriminación de las mujeres durante la menstruación en numerosos países del mundo

Adamed Mujer en 18 abril, 2016 - 7:49 am en Menstruación

En muchos países del mundo tener la menstruación es sinónimo de vergüenza, de ser impura o de estar sucia, mitos por los cuales se discrimina a las mujeres cuando menstrúan. Dejar de ir a la escuela o destinar el dinero de la comida a comprar compresas son algunas de las consecuencias que sufren las niñas en diferentes países del mundo. “En Nepal algunas de las adolescentes estaban realmente convencidas de que maldecirían a sus familias si no seguían la tradición Chhaupadi que prohíbe a la mujer participar en las actividades normales de la familia durante la menstruación y que les obliga a abandonar su hogar durante esos días” cuenta Cecile Shrestha, directora adjunta de programas en WaterAid América a eldiario.es.

Quizás sea esta una de las tradiciones más extremas, pero a día de hoy la discriminación y exclusión a la que se ven sometidas muchas niñas y mujeres cuando tienen la menstruación es extensa. En muchas partes del mundo sigue siendo un tabú, algo de lo que no se habla y que está altamente condicionado por las prácticas culturales y religiosas, muchas de las cuales influyen negativamente en la vida de mujeres y niñas y refuerzan desigualdades de género y exclusión. En la India muchas mujeres no tienen permitido cocinar cuando tienen la regla, ni tocar a ciertos animales, ni mirarse al espejo. Creen que pueden contagiar a quien coma lo que hayan tocado sus manos, que los animales podrían enfermar y que el espejo perdería su brillo. El 48% de las niñas iraníes piensa que la menstruación es una enfermedad, según un informe de la ONG WaterAid. El mismo estudio destaca que hay mujeres en Bangladesh que entierran las compresas antes de usarlas para prevenir que sean poseídas por espíritus malignos, y que algunas niñas en Gana, Uganda, Kenia o Níger han de permanecer recluidas en casa, alejadas de cualquiera de sus funciones diarias habituales, porque se considera que son impuras y que están sucias.

Los especialistas aseguran que la principal causa de que esto pase es el desconocimiento. Blanca Carazo, responsable de proyectos de UNICEF España, explica que la situación puede llegar a ser traumática para muchas niñas cuando tienen el periodo por primera vez: “No saben lo que es, no se lo han advertido y mucho menos explicado nunca. La primera reacción es con susto y con miedo, hasta que sus madres o alguna persona mayor les cuenta algo por encima, sin entrar en detalle, porque la mayoría de las veces las mujeres adultas siguen sin saber de qué se trata”. En el caso de América Latina esta falta de información se concentra específicamente en las zonas rurales.

Muchas niñas ni siquiera van a la escuela cuando tienen la regla. Se quedan en casa durante esos días del mes, con la consecuente discriminación de género que esto supone. Solo en Uganda hay un 50% de absentismo escolar durante la menstruación, según indica Carazo. Niñas que faltan a clase entre 3 y 5 días al mes, lo que se traduce en un menor rendimiento escolar a corto plazo y, a largo plazo, en menos herramientas para tener un buen desarrollo en la vida, para generar ingresos. Muchas veces en las escuelas no hay infraestructuras que les permitan asearse, a lo que se suma la falta de recursos económicos para adquirir compresas.

Luz Sanch, delegada de la fundación Vicente Ferrer en Madrid, explica que en pequeñas agrupaciones de mujeres en la India llamadas Shangams han desarrollado una serie de talleres para fabricar compresas reutilizables. “Es una forma de llegar a todas las mujeres, hayan podido ir a la escuela o no. Intentamos hacer las cosas más sencillas para que todas lo comprendan y lo lleven a la práctica”. Los esfuerzos locales se están traduciendo en cambios a escala nacional. Es el caso de Kenia, que desde el año 2011 suprimió los impuestos a los productos sanitarios, incluidas las compresas. Pero aún queda mucho trabajo por hacer. Como señala Cecile Shrestha, lo más efectivo para atajar las desigualdades es “reforzar la educación y la prevención. Y el tiempo. Cambiar la mentalidad y las prácticas culturales lleva tiempo y varias generaciones, pero debemos insistir en los efectos negativos de todo esto, para que las niñas jóvenes cambien cuando tengan hijas”, concluye.

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