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La llamada “vaporización vaginal” no tiene evidencia científica y puede provocar riesgos para la salud

Adamed Mujer en 27 octubre, 2021 - 8:00 am en Menstruación

Existen una serie de publicaciones en redes sociales que aseguran que una técnica llamada “vaporización vaginal” ayuda a aliviar los dolores menstruales y regular el ciclo. Estas publicaciones han sido compartidas decenas de miles de veces desde 2014. Pero la práctica no ha demostrado eficacia científica e incluso conlleva riesgo de infecciones y quemaduras, de acuerdo con expertos consultados.

“Los vapores vaginales son también una buena atención preventiva”, afirman publicaciones en Facebook . En otras se lee que esta práctica estimula la fertilidad y ayuda a “combatir infecciones vaginales crónicas”. De acuerdo con estas publicaciones, la vaporización vaginal consiste en tomar asiento sin ropa interior sobre un banco ahuecado, bajo el cual se coloca un recipiente con un preparado de agua caliente y hierbas aromáticas. Las publicaciones afirman que el vapor que se desprende ingresa en el útero y aporta múltiples beneficios.

En TikTok numerosos videos muestran cómo preparar el baño, cómo sentarse correctamente para supuestamente maximizar los efectos, qué recipiente utilizar y qué hierbas colocar en el agua. Varias publicaciones digitales también promocionan esta práctica, que ganó popularidad y generó críticas tras ser impulsada por la actriz estadounidense Gwyneth Paltrow en su blog Goop en 2015. La vaporización vaginal es presentada como “sabiduría ancestral” y “antiguo tratamiento” y es promocionada regularmente en las redes sociales para “limpiar” y “sanar” el útero y el cuello uterino.

Sin embargo, expertos confirman que no existe evidencia científica al respecto. “Las vaporizaciones vaginales no son un método que se use en la ginecología clásica”, dijo la ginecóloga argentina María Elisa Moltoni, descartando que tuvieran algún beneficio científicamente comprobado para la salud. “No hay ninguna bibliografía científica que diga que son buenas o malas“, coincidió el ginecólogo Geoffroy Robin, secretario general del Colegio Nacional de Ginecólogos y Obstetras de Francia (CNGOF). Sin embargo, recomendó aplicar el “principio de precaución” a la práctica.

Sobre sus supuestos beneficios, la presidenta de la Federación Nacional de Colegios Médicos de Ginecología de Francia (FNCGM), Isabelle Héron, fue enfática: “Hacer creer a una mujer joven que tendrá más posibilidades de quedarse embarazada gracias a un baño de vapor es mentiroso“. “Es imposible”, coincidió Geoffroy, quien añadió que dicho vapor tampoco tiene efecto sobre la menstruación. “La regularidad de los ciclos depende de la comunicación hormonal entre el cerebro y los ovarios. Un baño de vapor no tendrá ningún efecto sobre eso“, dijo.

Moltoni está de acuerdo: “No existe evidencia científica de que dichas vaporizaciones sirvan para potenciar la fertilidad o acelerar la recuperación después del parto, o que incidan en fibromas, quistes ováricos, debilidad uterina, prolapso uterino y endometriosis. Tampoco hay evidencias sobre su efecto en el dolor menstrual”, dijo. Y detalló: “Existe evidencia de que el calor puede aliviar el dolor menstrual, pero se aconseja aplicarlo sobre la parte baja del abdomen con una bolsa de agua caliente, por ejemplo”.

Una búsqueda de estudios en relación a las vaporizaciones vaginales dentro de la base de datos de ciencias de la salud PubMed no arrojó resultados sobre estos supuestos beneficios. En cambio, condujo a un artículo publicado en 2017 en la revista Culture, Health and Sexuality llamado “‘Básicamente, es una brujería para tu vagina’: desmenuzando las representaciones occidentales de la vaporización vaginal”, en el que se concluye que los relatos que circulan en línea sobre la práctica “parecen encajar tanto en las construcciones histórico-contemporáneas de los cuerpos de las mujeres como deficientes y repugnantes, como en el discurso neoliberal y sanitarista contemporáneo en torno al sujeto en mejora constante”.

En octubre de 2018, Magali Robert, uroginecóloga y profesora del departamento de Obstetricia y Ginecología de la Escuela de Medicina Cumming de la Universidad de Calgary, publicó un artículo que advierte sobre los riesgos para la salud de las vaporizaciones vaginales a partir del caso de una mujer de 62 años que sufrió quemaduras por realizar esta práctica. “Yo misma traté a la mujer. Sufrió quemaduras de segundo grado en el cuello del útero y en la parte superior de la vagina. Le tomó más de dos meses para sanar”, detalló Robert.

“Creo que hay diferentes razones por las que las mujeres pueden elegir hacerse vaporizaciones vaginales. Ninguna de ellas es por propósitos biológicos. A la mujer de mi caso le dijeron que le ayudaría con el prolapso [caída o descolgamiento del útero sobre la vagina como consecuencia del debilitamiento de los músculos de la pelvis]”, añadió la doctora. Robert dijo no tener conocimiento de ninguna otra complicación por este método que haya sido publicada en revistas médicas, pero advirtió sobre esta práctica especialmente a mujeres “con cualquier condición vulvar o vaginal subyacente”.

“En general todo lo que pueda quemar la piel de la vulva o irritarla debe evitarse”, señaló Moltoni. “Si el vapor que emana del agua estuviera muy caliente, podría generar algún tipo de lesión. Recordemos que la piel de esa zona es muy sensible y no tiene la resistencia al calor como la piel de otras partes del cuerpo”.

Los tres especialistas coincidieron en que más que evitar o curar infecciones, estas vaporizaciones pueden aumentar el riesgo de contraerlas. Las bacterias de la vagina, que forman una microbiota que protege contra las infecciones, “son el resultado de un equilibrio muy sutil de temperatura y pH”, dijo Robin. “Cuando conocemos este ecosistema, podemos pensar que la exposición prolongada al vapor a alta temperatura puede alterar este equilibrio”.

Héron comparó el baño de vapor con las desaconsejadas duchas vaginales, que consisten en lavar el interior de la vagina. Con un cambio de temperatura, “se corre el riesgo de eliminar la flora vaginal normal y aumentar el riesgo de infecciones, en particular el riesgo de micosis“, dijo la ginecóloga. “Está demostrado que estas duchas no solo no higienizan sino que predisponen a cambios en la microbiota vaginal que produce un mayor riesgo de infecciones y flujo patológico”, completó Moltoni.

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