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Las mujeres, las más afectadas por el síndrome de la alimentación nocturna

Adamed Mujer en 24 enero, 2018 - 5:10 pm en Trastornos

A pesar de ser un hábito de lo más recurrente en gran parte de la población mundial, el llamado síndrome de la alimentación nocturna es un desorden alimenticio, psicológico y del sueño. Se caracteriza por la ingesta de una gran cantidad de comida, que en algunas ocasiones alcanza el 70% del total diario, después de cenar y a horas intempestivas. Además, el paciente suele comer muy poco durante el día, derivando todos sus esfuerzos a este atracón final.

Este comportamiento nada tiene que ver con un ataque de ansiedad, sino con un componente emocional muy fuerte. El síndrome de la alimentación nocturna está asociado principalmente a la depresión, los desequilibrios hormonales o una baja autoestima. Este desorden es más frecuente en mujeres, con un porcentaje del 66%, a una edad adulta que ya supera los 30 años y en pacientes que sufren obesidad o sobrepeso. Eso sí, es muy importante no confundirlo con otros trastornos como la bulimia nerviosa o la polifagia, pues sus síntomas son de lo más dispares.

Conductas habituales del síndrome de la alimentación nocturna:

  • Consumir la mitad de las calorías diarias después de cenar.
  • Sentir tras el episodio un sentimiento de culpa superior al de placer o satisfacción.
  • Protagonizar atracones nocturnos, principalmente de hidratos de carbono. Destacan la bollería industrial, la pasta, el pan o los dulces.
  • Tener desordenes del sueño como insomnio o sonambulismo.
  • Perder la capacidad de dormir si no cumples con dicha conducta.
  • El consumo de alimentos no tiene lugar de una vez. El paciente come pequeñas cantidades de comida cada dos o tres horas durante toda la noche.

Estos síntomas deben recibir un tratamiento de urgencia, ya sea a través de fármacos o terapias nutricionales, o mediante remedios caseros. En este último grupo se recomienda, por ejemplo, escoger alimentos saciantes como la avena, el yogur o el té; cenar un plato rico en hidratos de carbono, para así saciar el ansía. O, en los casos más extremos, cerrar la puerta de la cocina con llave.

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